A propósito de la celebración de los 200 años del inicio de la Independencia Ecuatoriana del 10 de agosto de 1809
Palabra en Pie - Articulistas Invitados
Arq. Franklin Cárdenas Mg.Sc.
Cultura, conciencia e identidad
Siendo la Cultura la FORMA COMO LOS PUEBLOS TRANSFORMAN A LA NATURALEZA, A LA SOCIEDAD Y A SU PROPIO PENSAMIENTO, y, hallándose cimentada en la identidad y en la conciencia nacionales, un análisis de su contenido insurgente, nos lleva a iniciar una reflexión partiendo de los niveles de conciencia nacional legados por nuestros precursores, Juan de Velasco nuestra conciencia histórica, Pedro Vicente Maldonado y el Padre Cicala, nuestra conciencia geográfica, Eugenio Espejo nuestra conciencia política, Miguel Jijón nuestra conciencia económica y Benjamín Carrión, nuestra conciencia cultural.
Conciencias que las vamos identificando en un proceso que no llega aún a los 300 años y que han sido transmitidas en procesos de insurgencia, definida ésta como sinónimo de sublevación, rebelión, insumisión, insurrección, revuelta, levantamiento o revolución. Insurgente viene de surgir urgentemente dentro y en contra del poder constituido. Velasco, Maldonado, Cicala, Espejo, Jijón y Carrión, hicieron surgir a nuestra patria con visiones y misiones propias, destronaron a las visiones de afuera, socavaron los poderes constituidos o contribuyeron a ello con la fortaleza de sus nuevas ideas acogidas por los forjadores de la Patria.
Estos precursores de nuestra conciencia ecuatoriana son los íconos insurgentes de nuestra historia, como lo son Simón Bolívar, Sucre, Eloy Alfaro, Fernando Daquilema, el Cholo Virrey, Leonidas Proaño, altos exponentes de patriotismo, altivez y soberanía nacionales.
Nótese que estos personajes, si bien son afluentes de este cauce, usaron métodos diferentes de insurgencia para la edificación del país; por ello, fueron controvertidos y hasta fueron inmolados por los antipatria. Tal como ahora, a los 200 años de la proclamación de la Junta Soberana de Quito, a ciertos historiadores dependientes de la oligarquía guayaquileña –que digámoslo de una vez, ésta nunca tuvo conciencia de patria, sino que fue apátrida o tuvo como patria solamente al dinero– se les ocurre decir que no fue Espejo un precursor sino Lavayen, que Bolívar fue un tirano que doblegó militarmente a Guayaquil, que no la liberó pues ya estaba liberada, que sin el 9 de octubre no hubiera habido el 24 de mayo, etc., etc. O que, luego de la agresión colombiana a nuestro territorio en Angostura hace un año, hay sectores antipatria que le dan la razón a Uribe y no a nuestro presidente Correa, igual que el indio Felipillo que apoyó a los conquistadores españoles en contra de sus propios hermanos.
Bienvenidas, aquí las letras del prócer Eugenio Espejo escritas en “El Nuevo Luciano de Quito” o la Ciencia Blancardina: “…No cometeré bajeza que deslustre mi celo patriótico…En el interior de nuestra propia casa, podemos desahogar a satisfacción las quejas y sentimientos”.
En la transformación, primero de las conciencias, luego del modo de producción, es en donde radica, pues, el carácter insurgente de la cultura. Por algo, nuestro prócer precursor independentista insurgió en la vida colonial con su periódico al que bautizó con el nombre de “Primicias de la Cultura de Quito” y, queriendo dar una estela libertaria a sus proclamas, inundó de banderas rojas, a manera de pendoneros de madrugada, las calles de la Capital.
La Cultura Libertaria
El 10 de Agosto de 1809 se da el Grito Libertario en Quito y se inicia el proceso independentista que duraría 13 años hasta que, con la fuerza de las bayonetas, se consolida definitivamente en las faldas del Pichincha, con Sucre a la cabeza de los ejércitos patriotas. No importa que haya sido o no el primer grito pues, sabemos que tales gestas se dieron también en otros países de la América hispana, lusitana, francesa o anglosajona. El 4 de julio de 1776, Estados Unidos de América dio su independencia al mando de Jorge Washington. El 1º de enero de 1804, Haití se convirtió en la primera nación independiente de América Latina. En 1806, Miranda inicia la campaña libertadora en Venezuela. En julio de 1809, en la ciudad de Sucre, actual Bolivia, se instala la 1ª Junta de Gobierno y 16 años más tarde, este país hermano consolida su independencia con Bolívar y Sucre que triunfan en las batallas de Junín y Ayacucho. En 1810 se da el Grito de Dolores en México y el Cabildo de Santa Fe de Bogotá desconoce al poder español. En 1811 declara su independencia Paraguay y en 1816, Tucumán. La llama libertadora alumbró de independencia a nuestro Continente.
Los indios del país también fueron precursores a través de los levantamientos del siglo 18 frente a una Colonia que se caía en pedazos. En 1730, los indios de Pomallacta defienden su propiedad comunal. En 1760, hay un tumulto en el Asiento de Alausí. En 1764 se da la sublevación contra la Nueva Gabela en la Villa de Riobamba, Calpi, Cajabamba, San Luis, Licán y Yaruquíes, bajo el liderazgo del “guaminga”, Antonio Obando y otros. En 1766, surge la rebelión contra la cobranza de tributos en San Miguel de Molleambato. En 1768 se alzan los conciertos en el obraje de San Idelfonso. En 1771, se sublevan los indígenas de San Felipe. En 1776, se lucha contra la explotación y vejámenes en Guano, liderada por Baltazara Chiuza y otros. En 1777 se insurrectan los indios del Corregimiento de Otavalo. En 1778, hay una sublevación popular en Guano. En 1779, los indios de Guamote se sublevan contra los diezmos de la iglesia católica. En 1780, se da la sublevación en la Tenencia General de Ambato. En 1781 en contra del Censo de Cuenca en Alausí. En 1784, en contra de las mitas de las minas y el obraje en Calpi, Luisa y San Juan, liderados por Andrés Morocho. En 1790 en contra los diezmos en Columbe y Guamote. En 1794 en contra de las alcabalas en Riobamba y Pungalá. En 1797 por las consecuencias del terremoto en Riobamba. En 1799, contra los diezmos en Guamote y Columbe. En 1803, nuevamente la rebelión contra los diezmos en Columbe y Guamote, liderados por Lorenza Abemañay, Cecilio Taday, Luis Sirgla y Valentín Ramírez.
El papel de los intelectuales
Los más adelantados en la conciencia histórica son siempre nuestros escritores y artistas cuya sensibilidad les permite ver más allá de los intereses pacatos y cotidianos. Rafael Quintero nos ha hablado de “un país en ciernes”, Jorge Enrique Adoum, muerto en este año, nos habló de la poca edad que tenemos como país adolescente; Benjamín Carrión, nos escribía unas Cartas al Ecuador con consejos para hacer patria; Jorge Carrera Andrade nos señaló los maravillosos Caminos del Sol con historias y fábulas patrias que ya la envidiarían los griegos y romanos quienes, faltos de historia real, tuvieron que inventarse mitologías, igual que los judíos, para cohesionarse como naciones.
Decía nuestro escritor Jorge Enrique Adoum: “El nuestro es un país sobremanera joven: pocos –Panamá, Cuba…– tienen menor edad que nosotros. Se lo ha construido, y desde entonces somos “ecuatorianos”, en poco más de un siglo y medio, hazaña de cuyo valor, al parecer, no nos damos cuenta” .
Saber de dónde venimos, saber qué somos y saber hacia dónde vamos, es un tema importante para la Cultura. El saber es conocimiento racional e intuitivo; los saberes vienen desde lejos en el tiempo, son las herencias de las culturas que, siendo los contenidos de la cultura inmaterial, se expresan en las formas de la cultura material, en sabores, olores, colores, sonidos, espacios. Esa es la trascendencia, la conjunción de la ascendencia y la descendencia de los seres humanos en su patrimonio cultural y en su historia. El saber sirve para cambiar la historia y la cultura es la forma como hemos transformado nuestra naturaleza –que hoy tiene derechos en la nueva constitución ecuatoriana–, nuestra sociedad y nuestro pensamiento. Para ello, la cultura debe insurgir, es decir, surgir en los procesos históricos pues, ella hace la historia al transformar la sociedad y la naturaleza.
El papel de los científicos
Pedro Vicente Maldonado, hace 300 años vinculó la cultura y la educación al desarrollo económico de la Real Audiencia de Quito, el actual Ecuador, mediante sus aportes a la cartografía a través del mapa y de la construcción del camino Quito-Esmeraldas, el descubrimiento del caucho para la industria mundial, el aporte de la quinina a la farmacología de la época y, la creación del sistema métrico decimal con la medición del arco de meridiano. El científico más importante que ha producido nuestro país, el riobambeño Pedro Vicente Maldonado, vivió la plena Modernidad pues, conforme señala Arturo Escobar , tuvo los rasgos fundamentales que caracterizan a esta época histórica como son la autorreflexidad y la descontextualización. Aristócrata ilustrado , el sabio tuvo el conocimiento teórico y el conocimiento experto necesarios para incidir en el desarrollo de la sociedad y en el desarrollo del pensamiento de su época del siglo 18. Igual que su contemporáneo y coterráneo, el historiador Juan de Velasco, pensó en un Estado-nación al trazar el mapa de la Real Audiencia de Quito llamada después Ecuador, nombre nacido de los informes que envió Carlos María de la Condamine sobre sus trabajos realizados por la Misión Geodésica Francesa en los cuales Maldonado tuvo una participación importante. El geógrafo también descontextualizó, es decir, arrancó la vida colonial de nuestro país de su contexto para enfocarla como producida por lo translocal, especialmente de Europa. En ese sentido es insurgente y así lo asimila el precursor Eugenio Espejo al dedicarle un número de su periódico “Primicias de la Cultura de Quito”. Probablemente, el sabi0 se vinculó a la masonería a través del padrinazgo de La Condamine; el pintor masón Oquendo así lo muestra en su pintura exhibida en el salón “José María Román” (masón de la logia “Estrella de Chimborazo” de la tercera década del siglo 20) del Municipio de Riobamba.
El papel de los políticos
En esta línea y ya en el siglo posterior, García Moreno trae a pedagogos europeos para desarrollar la Escuela Politécnica Nacional y las Escuelas de Artes y Oficios con el fin de preparar ecuatorianos en las actividades productivas del país. En Riobamba, ya bien entrado el siglo 20, se funda la Escuela de Artes y Oficios en lo que hoy es el Instituto “Carlos Cisneros”.
El General Eloy Alfaro, hace más de cien años, instaura la educación laica, gratuita y obligatoria, es el indiscutible transformador de la educación en el Ecuador porque crea las Casas de Artes y Oficios, funda los institutos normales para la formación de educadores, envía a centenares de jóvenes a Europa y Norteamérica para que adquiriesen conocimientos en todas las ramas del saber humano.
Además fundó los primeros institutos educativos nocturnos en el país y es el fundador de las escuelas de Agricultura y Veterinaria aparte de que multiplicó las escuelas y colegios, también permitió que obreros, artesanos, agricultores ingresaran en el rol educativo del país, además favoreció la educación de la mujer para que se convirtiera en un ente productivo de la sociedad, eliminó muchos obstáculos para que participara de este proceso.
Por otra parte el mismo General Eloy Alfaro, creó las oficinas de Correos y Registro Civil para dar empleo a las mujeres a quienes incorporó a las actividades económicas y socioculturales a las que antes no tenía derecho.
Le cupo a Alfaro, celebrar los 100 años del Grito Libertario de Quito en 1909 y lo celebró a lo grande. Hizo la Feria Internacional en el actual edificio del Ministerio de Defensa construido con ese objetivo. Inauguró el Monumento a la Independencia en el parque que lleva ese nombre. González Suárez, con el apoyo del Concejo Municipal capitalino, editó por primera vez las obras semicompletas del precursor Eugenio Espejo, entonces medio proscrito por las fuerzas reaccionarias. Un siglo después, como Presidente de la Casa de la Cultura local, me cupo el honor de publicar en 4 tomos las Obras Completas de Espejo, editadas por el especialista norteamericano el Dr. Phillips Astuto, con motivo del Bicentenario que celebramos estos días.
Benjamín Carrión, en la segunda mitad del siglo 20, intenta vincular la cultura a la economía nacional cuando establece las ferias artesanales en la Casa de la Cultura Ecuatoriana que fundó.
El papel de los educadores
Estos hechos históricos demuestran que la cultura y, particularmente la educación, siempre han buscado su vinculación a la economía para el desarrollo social, misión que muchas veces no se ha cumplido por causas internas y externas.
Los efectos de esas causas, los señala nuestro actual Presidente al indicar que, nuestra mejor universidad, la ESPOL, ocupa el puesto dos mil entre las universidades del mundo en lo referente a la calidad educativa. El titular de la Senplades ha dicho: que se eliminarán las carreras universitarias cuyos egresados obtengan menos del 60% en la prueba de fin de estudios pues, “al final se estafa al estudiante y nadie regula eso”; “creo –añade– en el principio de sospecha dada la calidad de universidad que tenemos”; “un centro (universitario) de ese tipo no se compara con uno que ofrece estudios en las noches, dos horas a la semana”; “no es posible que un estudiante y dirigente político se gradúe e inmediatamente se convierta en profesor”; “un profesor a tiempo completo a veces trabaja solo dos horas a la semana”; “Veamos las 5 universidades acreditadas hasta ahora –concluye–, los aspirantes a ingresar al magisterio fiscal, graduados en ellas, sacaron 23 sobre 100 puntos en las pruebas”…
Luego de pruebas internacionales realizadas entre 46 países, “Los chilenos y mexicanos están asustados. Los estudiantes de cuarto y octavo grados de esas dos naciones, cuando contrastan sus conocimientos de matemáticas, ciencias y comprensión de lectura con los de otros países del mundo, suelen quedar en los últimos puestos” siendo los primeros Singapur, Corea, Taiwán y Japón. Paralela a esta realidad, está el nivel de la llamada “riqueza intangible” por país, cuya medición, realizada por el Banco Mundial en 2005, ubica a nuestro país en el décimo cuarto lugar entre veinte países de América Latina; la variable Capital Humano de esta riqueza intangible, siendo “el conjunto de conocimientos y habilidades de las personas para las labores productivas… se sustenta en la educación y se apoya en el acceso a las fuentes de trabajo” y su desarrollo se realiza “a través de gastos en educación, especialización laboral” . Situación que corrobora lo ya sabido: que Ecuador es uno de los países más pobres del continente y la provincia de Chimborazo tiene el 88,60% de pobres, el 57,40 % de pobladores en la indigencia, los más altos índices nacionales.
La desvinculación de la educación con la producción se constata cuando a ERPE ninguna universidad local le pudo diseñar y construir una máquina lavadora de quinua, nuevo producto de exportación de la provincia.
Frente a esto, se proponen nuevos objetivos para la educación consistentes en “la autonomía en el desempeño laboral, persistencia en el desarrollo de la tarea, capacidad para enfrentar y superar dificultades, espíritu de superación, capacidad de análisis y síntesis, habilidad numérica y verbal, puntualidad, disciplina, tenacidad, responsabilidad y creatividad” . Se trata, entonces, de planificar un sistema educativo que, insurgiendo dentro del desarrollo humano sustentable, se oriente a modificar las relaciones de producción dentro del sistema capitalista, contribuya con el desarrollo de las fuerzas productivas sociales en la tecnificación de los seres humanos pues, “la educación es la fuerza del futuro y el acceso a la educación el sine qua non para una participación efectiva en el mundo moderno”. La vinculación de la educación a la producción es no sólo evidente sino una tarea insoslayable y urgente. Y la educación ha tenido históricamente una vertiente en dicho sentido aunque al margen de lo oficial o minimizada por éste.
Superar el concepto de una educación como un proceso con el fin último de producir profesionales de tercero y cuarto niveles. Existe una alta deserción universitaria y politécnica, desempleo profesional, saturación y bajos salarios de los profesionales; con el ALCA, hay una desventaja competitiva de los profesionales ecuatorianos en la región. Existe una actitud peyorativa frente a la educación productiva y una saturación profesional en ciertas carreras. La preparación artesanal y manufacturera casi no existe. Hay una despreocupación por el destino de miles de jóvenes que no lograron estudiar o que desertaron del sistema educativo, lo que les lleva a delinquir o a emigrar. Nuestro país carece de una Educación Estética Nacional.
Tareas (Ins)urgentes
En nuestro país se dan fenómenos que debemos enfrentar con urgencia y valentía. El empobrecimiento general de la población, la emigración laboral que despuebla las zonas productivas rurales y urbanas, la desocupación y subocupación, la deserción escolar, el bajo rendimiento educativo, los bajos salarios de los docentes y el marginamiento histórico de la educación técnica dentro del sistema educativo nacional que acrecienta la brecha tecnológica del Ecuador frente al Mundo globalizado y acarrea escasos niveles de competitividad productiva y mercantil. Constatamos que, mientras egresan anualmente cantidad de bachilleres con destino a la desocupación y a la emigración, amplios sectores de jóvenes se ven marginados de por vida por no acceder a la educación técnica que les brinde un oficio y, consecuentemente, su inserción en el aparato productivo el cual, contradictoriamente, no satisface su demanda de fuerza laboral tecnificada. Hay zonas, como el Austro ecuatoriano y Santo Domingo de los Colorados, en donde se ha importado mano de obra de Perú y Colombia, respectivamente. La falta de mano de obra calificada se está constituyendo en una enfermedad nacional, y la exportación de cerebros y músculos, preparados con dineros ecuatorianos, es la otra cara de dicha enfermedad. Nos enfermamos laboralmente curando las enfermedades de los países desarrollados lo que equivale a decir, que nos subdesarrollamos más contribuyendo, paradójicamente con nuestra gente emigrante, al desarrollo de otros países. Se trata pues de convertirnos en nuestros propios sanadores, primero curándonos con verdad y, segundo, empezando la trasformación ya, sin esperar que otros hagan lo que ahora nos corresponde a nosotros hacer, sin quejarnos ni culpar a otros y, siempre, basándonos en una autoestima nacional.
De 120 mil personas en edad productiva en la provincia, el 15% se encuentra desempleada, y el 45% subempleada, circunstancia que afecta en forma mayoritaria a aproximadamente 80 mil jóvenes, quienes, ante una falta de preparación productiva, deben emigrar en busca de empleo. Por otra parte la mano de obra y los profesionales que se quedan no tienen la competencia para desarrollar con eficiencia actividades productivas, y lo que es peor no hay quién les enseñe a hacer buenas puertas, vitrales, hierros forjados, artesanías de mármol, textiles, bienes culturales en general que necesita nuestro país y que pueden inclusive exportarse, hablamos de bienes manufacturados y artesanales en los que se involucren como valores agregados al diseño y la calidad. Se trata pues de vincular una modernidad alternativa a la educación para hacerla productiva y no especulativa, aportar a la solución del desempleo y contribuir al desarrollo de nuestra provincia.
Actualmente la necesidad de cambio en el sistema educativo y en el modo de vida de nuestra sociedad nos conduce a buscar escuelas de formación en ARTES Y OFICIOS en las cuales se explote las virtudes, vocación, talento y ante todo la necesidad de quienes están en el último vagón de este tren llamado globalización.
Esa es la cultura insurgente. Esos son los hechos históricos de una primera independencia que clama a gritos, una segunda cuyos primeros pasos los estamos viendo en estos días y que, debemos proponernos, como verdaderos patriotas que amamos a nuestro lindo Ecuador, dar los siguientes pasos definitivos.
Siendo la Cultura la FORMA COMO LOS PUEBLOS TRANSFORMAN A LA NATURALEZA, A LA SOCIEDAD Y A SU PROPIO PENSAMIENTO, y, hallándose cimentada en la identidad y en la conciencia nacionales, un análisis de su contenido insurgente, nos lleva a iniciar una reflexión partiendo de los niveles de conciencia nacional legados por nuestros precursores, Juan de Velasco nuestra conciencia histórica, Pedro Vicente Maldonado y el Padre Cicala, nuestra conciencia geográfica, Eugenio Espejo nuestra conciencia política, Miguel Jijón nuestra conciencia económica y Benjamín Carrión, nuestra conciencia cultural.
Conciencias que las vamos identificando en un proceso que no llega aún a los 300 años y que han sido transmitidas en procesos de insurgencia, definida ésta como sinónimo de sublevación, rebelión, insumisión, insurrección, revuelta, levantamiento o revolución. Insurgente viene de surgir urgentemente dentro y en contra del poder constituido. Velasco, Maldonado, Cicala, Espejo, Jijón y Carrión, hicieron surgir a nuestra patria con visiones y misiones propias, destronaron a las visiones de afuera, socavaron los poderes constituidos o contribuyeron a ello con la fortaleza de sus nuevas ideas acogidas por los forjadores de la Patria.
Estos precursores de nuestra conciencia ecuatoriana son los íconos insurgentes de nuestra historia, como lo son Simón Bolívar, Sucre, Eloy Alfaro, Fernando Daquilema, el Cholo Virrey, Leonidas Proaño, altos exponentes de patriotismo, altivez y soberanía nacionales.
Nótese que estos personajes, si bien son afluentes de este cauce, usaron métodos diferentes de insurgencia para la edificación del país; por ello, fueron controvertidos y hasta fueron inmolados por los antipatria. Tal como ahora, a los 200 años de la proclamación de la Junta Soberana de Quito, a ciertos historiadores dependientes de la oligarquía guayaquileña –que digámoslo de una vez, ésta nunca tuvo conciencia de patria, sino que fue apátrida o tuvo como patria solamente al dinero– se les ocurre decir que no fue Espejo un precursor sino Lavayen, que Bolívar fue un tirano que doblegó militarmente a Guayaquil, que no la liberó pues ya estaba liberada, que sin el 9 de octubre no hubiera habido el 24 de mayo, etc., etc. O que, luego de la agresión colombiana a nuestro territorio en Angostura hace un año, hay sectores antipatria que le dan la razón a Uribe y no a nuestro presidente Correa, igual que el indio Felipillo que apoyó a los conquistadores españoles en contra de sus propios hermanos.
Bienvenidas, aquí las letras del prócer Eugenio Espejo escritas en “El Nuevo Luciano de Quito” o la Ciencia Blancardina: “…No cometeré bajeza que deslustre mi celo patriótico…En el interior de nuestra propia casa, podemos desahogar a satisfacción las quejas y sentimientos”.
En la transformación, primero de las conciencias, luego del modo de producción, es en donde radica, pues, el carácter insurgente de la cultura. Por algo, nuestro prócer precursor independentista insurgió en la vida colonial con su periódico al que bautizó con el nombre de “Primicias de la Cultura de Quito” y, queriendo dar una estela libertaria a sus proclamas, inundó de banderas rojas, a manera de pendoneros de madrugada, las calles de la Capital.
La Cultura Libertaria
El 10 de Agosto de 1809 se da el Grito Libertario en Quito y se inicia el proceso independentista que duraría 13 años hasta que, con la fuerza de las bayonetas, se consolida definitivamente en las faldas del Pichincha, con Sucre a la cabeza de los ejércitos patriotas. No importa que haya sido o no el primer grito pues, sabemos que tales gestas se dieron también en otros países de la América hispana, lusitana, francesa o anglosajona. El 4 de julio de 1776, Estados Unidos de América dio su independencia al mando de Jorge Washington. El 1º de enero de 1804, Haití se convirtió en la primera nación independiente de América Latina. En 1806, Miranda inicia la campaña libertadora en Venezuela. En julio de 1809, en la ciudad de Sucre, actual Bolivia, se instala la 1ª Junta de Gobierno y 16 años más tarde, este país hermano consolida su independencia con Bolívar y Sucre que triunfan en las batallas de Junín y Ayacucho. En 1810 se da el Grito de Dolores en México y el Cabildo de Santa Fe de Bogotá desconoce al poder español. En 1811 declara su independencia Paraguay y en 1816, Tucumán. La llama libertadora alumbró de independencia a nuestro Continente.
Los indios del país también fueron precursores a través de los levantamientos del siglo 18 frente a una Colonia que se caía en pedazos. En 1730, los indios de Pomallacta defienden su propiedad comunal. En 1760, hay un tumulto en el Asiento de Alausí. En 1764 se da la sublevación contra la Nueva Gabela en la Villa de Riobamba, Calpi, Cajabamba, San Luis, Licán y Yaruquíes, bajo el liderazgo del “guaminga”, Antonio Obando y otros. En 1766, surge la rebelión contra la cobranza de tributos en San Miguel de Molleambato. En 1768 se alzan los conciertos en el obraje de San Idelfonso. En 1771, se sublevan los indígenas de San Felipe. En 1776, se lucha contra la explotación y vejámenes en Guano, liderada por Baltazara Chiuza y otros. En 1777 se insurrectan los indios del Corregimiento de Otavalo. En 1778, hay una sublevación popular en Guano. En 1779, los indios de Guamote se sublevan contra los diezmos de la iglesia católica. En 1780, se da la sublevación en la Tenencia General de Ambato. En 1781 en contra del Censo de Cuenca en Alausí. En 1784, en contra de las mitas de las minas y el obraje en Calpi, Luisa y San Juan, liderados por Andrés Morocho. En 1790 en contra los diezmos en Columbe y Guamote. En 1794 en contra de las alcabalas en Riobamba y Pungalá. En 1797 por las consecuencias del terremoto en Riobamba. En 1799, contra los diezmos en Guamote y Columbe. En 1803, nuevamente la rebelión contra los diezmos en Columbe y Guamote, liderados por Lorenza Abemañay, Cecilio Taday, Luis Sirgla y Valentín Ramírez.
El papel de los intelectuales
Los más adelantados en la conciencia histórica son siempre nuestros escritores y artistas cuya sensibilidad les permite ver más allá de los intereses pacatos y cotidianos. Rafael Quintero nos ha hablado de “un país en ciernes”, Jorge Enrique Adoum, muerto en este año, nos habló de la poca edad que tenemos como país adolescente; Benjamín Carrión, nos escribía unas Cartas al Ecuador con consejos para hacer patria; Jorge Carrera Andrade nos señaló los maravillosos Caminos del Sol con historias y fábulas patrias que ya la envidiarían los griegos y romanos quienes, faltos de historia real, tuvieron que inventarse mitologías, igual que los judíos, para cohesionarse como naciones.
Decía nuestro escritor Jorge Enrique Adoum: “El nuestro es un país sobremanera joven: pocos –Panamá, Cuba…– tienen menor edad que nosotros. Se lo ha construido, y desde entonces somos “ecuatorianos”, en poco más de un siglo y medio, hazaña de cuyo valor, al parecer, no nos damos cuenta” .
Saber de dónde venimos, saber qué somos y saber hacia dónde vamos, es un tema importante para la Cultura. El saber es conocimiento racional e intuitivo; los saberes vienen desde lejos en el tiempo, son las herencias de las culturas que, siendo los contenidos de la cultura inmaterial, se expresan en las formas de la cultura material, en sabores, olores, colores, sonidos, espacios. Esa es la trascendencia, la conjunción de la ascendencia y la descendencia de los seres humanos en su patrimonio cultural y en su historia. El saber sirve para cambiar la historia y la cultura es la forma como hemos transformado nuestra naturaleza –que hoy tiene derechos en la nueva constitución ecuatoriana–, nuestra sociedad y nuestro pensamiento. Para ello, la cultura debe insurgir, es decir, surgir en los procesos históricos pues, ella hace la historia al transformar la sociedad y la naturaleza.
El papel de los científicos
Pedro Vicente Maldonado, hace 300 años vinculó la cultura y la educación al desarrollo económico de la Real Audiencia de Quito, el actual Ecuador, mediante sus aportes a la cartografía a través del mapa y de la construcción del camino Quito-Esmeraldas, el descubrimiento del caucho para la industria mundial, el aporte de la quinina a la farmacología de la época y, la creación del sistema métrico decimal con la medición del arco de meridiano. El científico más importante que ha producido nuestro país, el riobambeño Pedro Vicente Maldonado, vivió la plena Modernidad pues, conforme señala Arturo Escobar , tuvo los rasgos fundamentales que caracterizan a esta época histórica como son la autorreflexidad y la descontextualización. Aristócrata ilustrado , el sabio tuvo el conocimiento teórico y el conocimiento experto necesarios para incidir en el desarrollo de la sociedad y en el desarrollo del pensamiento de su época del siglo 18. Igual que su contemporáneo y coterráneo, el historiador Juan de Velasco, pensó en un Estado-nación al trazar el mapa de la Real Audiencia de Quito llamada después Ecuador, nombre nacido de los informes que envió Carlos María de la Condamine sobre sus trabajos realizados por la Misión Geodésica Francesa en los cuales Maldonado tuvo una participación importante. El geógrafo también descontextualizó, es decir, arrancó la vida colonial de nuestro país de su contexto para enfocarla como producida por lo translocal, especialmente de Europa. En ese sentido es insurgente y así lo asimila el precursor Eugenio Espejo al dedicarle un número de su periódico “Primicias de la Cultura de Quito”. Probablemente, el sabi0 se vinculó a la masonería a través del padrinazgo de La Condamine; el pintor masón Oquendo así lo muestra en su pintura exhibida en el salón “José María Román” (masón de la logia “Estrella de Chimborazo” de la tercera década del siglo 20) del Municipio de Riobamba.
El papel de los políticos
En esta línea y ya en el siglo posterior, García Moreno trae a pedagogos europeos para desarrollar la Escuela Politécnica Nacional y las Escuelas de Artes y Oficios con el fin de preparar ecuatorianos en las actividades productivas del país. En Riobamba, ya bien entrado el siglo 20, se funda la Escuela de Artes y Oficios en lo que hoy es el Instituto “Carlos Cisneros”.
El General Eloy Alfaro, hace más de cien años, instaura la educación laica, gratuita y obligatoria, es el indiscutible transformador de la educación en el Ecuador porque crea las Casas de Artes y Oficios, funda los institutos normales para la formación de educadores, envía a centenares de jóvenes a Europa y Norteamérica para que adquiriesen conocimientos en todas las ramas del saber humano.
Además fundó los primeros institutos educativos nocturnos en el país y es el fundador de las escuelas de Agricultura y Veterinaria aparte de que multiplicó las escuelas y colegios, también permitió que obreros, artesanos, agricultores ingresaran en el rol educativo del país, además favoreció la educación de la mujer para que se convirtiera en un ente productivo de la sociedad, eliminó muchos obstáculos para que participara de este proceso.
Por otra parte el mismo General Eloy Alfaro, creó las oficinas de Correos y Registro Civil para dar empleo a las mujeres a quienes incorporó a las actividades económicas y socioculturales a las que antes no tenía derecho.
Le cupo a Alfaro, celebrar los 100 años del Grito Libertario de Quito en 1909 y lo celebró a lo grande. Hizo la Feria Internacional en el actual edificio del Ministerio de Defensa construido con ese objetivo. Inauguró el Monumento a la Independencia en el parque que lleva ese nombre. González Suárez, con el apoyo del Concejo Municipal capitalino, editó por primera vez las obras semicompletas del precursor Eugenio Espejo, entonces medio proscrito por las fuerzas reaccionarias. Un siglo después, como Presidente de la Casa de la Cultura local, me cupo el honor de publicar en 4 tomos las Obras Completas de Espejo, editadas por el especialista norteamericano el Dr. Phillips Astuto, con motivo del Bicentenario que celebramos estos días.
Benjamín Carrión, en la segunda mitad del siglo 20, intenta vincular la cultura a la economía nacional cuando establece las ferias artesanales en la Casa de la Cultura Ecuatoriana que fundó.
El papel de los educadores
Estos hechos históricos demuestran que la cultura y, particularmente la educación, siempre han buscado su vinculación a la economía para el desarrollo social, misión que muchas veces no se ha cumplido por causas internas y externas.
Los efectos de esas causas, los señala nuestro actual Presidente al indicar que, nuestra mejor universidad, la ESPOL, ocupa el puesto dos mil entre las universidades del mundo en lo referente a la calidad educativa. El titular de la Senplades ha dicho: que se eliminarán las carreras universitarias cuyos egresados obtengan menos del 60% en la prueba de fin de estudios pues, “al final se estafa al estudiante y nadie regula eso”; “creo –añade– en el principio de sospecha dada la calidad de universidad que tenemos”; “un centro (universitario) de ese tipo no se compara con uno que ofrece estudios en las noches, dos horas a la semana”; “no es posible que un estudiante y dirigente político se gradúe e inmediatamente se convierta en profesor”; “un profesor a tiempo completo a veces trabaja solo dos horas a la semana”; “Veamos las 5 universidades acreditadas hasta ahora –concluye–, los aspirantes a ingresar al magisterio fiscal, graduados en ellas, sacaron 23 sobre 100 puntos en las pruebas”…
Luego de pruebas internacionales realizadas entre 46 países, “Los chilenos y mexicanos están asustados. Los estudiantes de cuarto y octavo grados de esas dos naciones, cuando contrastan sus conocimientos de matemáticas, ciencias y comprensión de lectura con los de otros países del mundo, suelen quedar en los últimos puestos” siendo los primeros Singapur, Corea, Taiwán y Japón. Paralela a esta realidad, está el nivel de la llamada “riqueza intangible” por país, cuya medición, realizada por el Banco Mundial en 2005, ubica a nuestro país en el décimo cuarto lugar entre veinte países de América Latina; la variable Capital Humano de esta riqueza intangible, siendo “el conjunto de conocimientos y habilidades de las personas para las labores productivas… se sustenta en la educación y se apoya en el acceso a las fuentes de trabajo” y su desarrollo se realiza “a través de gastos en educación, especialización laboral” . Situación que corrobora lo ya sabido: que Ecuador es uno de los países más pobres del continente y la provincia de Chimborazo tiene el 88,60% de pobres, el 57,40 % de pobladores en la indigencia, los más altos índices nacionales.
La desvinculación de la educación con la producción se constata cuando a ERPE ninguna universidad local le pudo diseñar y construir una máquina lavadora de quinua, nuevo producto de exportación de la provincia.
Frente a esto, se proponen nuevos objetivos para la educación consistentes en “la autonomía en el desempeño laboral, persistencia en el desarrollo de la tarea, capacidad para enfrentar y superar dificultades, espíritu de superación, capacidad de análisis y síntesis, habilidad numérica y verbal, puntualidad, disciplina, tenacidad, responsabilidad y creatividad” . Se trata, entonces, de planificar un sistema educativo que, insurgiendo dentro del desarrollo humano sustentable, se oriente a modificar las relaciones de producción dentro del sistema capitalista, contribuya con el desarrollo de las fuerzas productivas sociales en la tecnificación de los seres humanos pues, “la educación es la fuerza del futuro y el acceso a la educación el sine qua non para una participación efectiva en el mundo moderno”. La vinculación de la educación a la producción es no sólo evidente sino una tarea insoslayable y urgente. Y la educación ha tenido históricamente una vertiente en dicho sentido aunque al margen de lo oficial o minimizada por éste.
Superar el concepto de una educación como un proceso con el fin último de producir profesionales de tercero y cuarto niveles. Existe una alta deserción universitaria y politécnica, desempleo profesional, saturación y bajos salarios de los profesionales; con el ALCA, hay una desventaja competitiva de los profesionales ecuatorianos en la región. Existe una actitud peyorativa frente a la educación productiva y una saturación profesional en ciertas carreras. La preparación artesanal y manufacturera casi no existe. Hay una despreocupación por el destino de miles de jóvenes que no lograron estudiar o que desertaron del sistema educativo, lo que les lleva a delinquir o a emigrar. Nuestro país carece de una Educación Estética Nacional.
Tareas (Ins)urgentes
En nuestro país se dan fenómenos que debemos enfrentar con urgencia y valentía. El empobrecimiento general de la población, la emigración laboral que despuebla las zonas productivas rurales y urbanas, la desocupación y subocupación, la deserción escolar, el bajo rendimiento educativo, los bajos salarios de los docentes y el marginamiento histórico de la educación técnica dentro del sistema educativo nacional que acrecienta la brecha tecnológica del Ecuador frente al Mundo globalizado y acarrea escasos niveles de competitividad productiva y mercantil. Constatamos que, mientras egresan anualmente cantidad de bachilleres con destino a la desocupación y a la emigración, amplios sectores de jóvenes se ven marginados de por vida por no acceder a la educación técnica que les brinde un oficio y, consecuentemente, su inserción en el aparato productivo el cual, contradictoriamente, no satisface su demanda de fuerza laboral tecnificada. Hay zonas, como el Austro ecuatoriano y Santo Domingo de los Colorados, en donde se ha importado mano de obra de Perú y Colombia, respectivamente. La falta de mano de obra calificada se está constituyendo en una enfermedad nacional, y la exportación de cerebros y músculos, preparados con dineros ecuatorianos, es la otra cara de dicha enfermedad. Nos enfermamos laboralmente curando las enfermedades de los países desarrollados lo que equivale a decir, que nos subdesarrollamos más contribuyendo, paradójicamente con nuestra gente emigrante, al desarrollo de otros países. Se trata pues de convertirnos en nuestros propios sanadores, primero curándonos con verdad y, segundo, empezando la trasformación ya, sin esperar que otros hagan lo que ahora nos corresponde a nosotros hacer, sin quejarnos ni culpar a otros y, siempre, basándonos en una autoestima nacional.
De 120 mil personas en edad productiva en la provincia, el 15% se encuentra desempleada, y el 45% subempleada, circunstancia que afecta en forma mayoritaria a aproximadamente 80 mil jóvenes, quienes, ante una falta de preparación productiva, deben emigrar en busca de empleo. Por otra parte la mano de obra y los profesionales que se quedan no tienen la competencia para desarrollar con eficiencia actividades productivas, y lo que es peor no hay quién les enseñe a hacer buenas puertas, vitrales, hierros forjados, artesanías de mármol, textiles, bienes culturales en general que necesita nuestro país y que pueden inclusive exportarse, hablamos de bienes manufacturados y artesanales en los que se involucren como valores agregados al diseño y la calidad. Se trata pues de vincular una modernidad alternativa a la educación para hacerla productiva y no especulativa, aportar a la solución del desempleo y contribuir al desarrollo de nuestra provincia.
Actualmente la necesidad de cambio en el sistema educativo y en el modo de vida de nuestra sociedad nos conduce a buscar escuelas de formación en ARTES Y OFICIOS en las cuales se explote las virtudes, vocación, talento y ante todo la necesidad de quienes están en el último vagón de este tren llamado globalización.
Esa es la cultura insurgente. Esos son los hechos históricos de una primera independencia que clama a gritos, una segunda cuyos primeros pasos los estamos viendo en estos días y que, debemos proponernos, como verdaderos patriotas que amamos a nuestro lindo Ecuador, dar los siguientes pasos definitivos.
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