Introducción a la obra de Piedad Falconí
Palabra en Pie - Articulistas Invitados
Prolegómeno por María Elena AlsinaUna ciudad no es hermosa ni agradable meramente por sus edificios, parques, escuelas, clima ni paisajes. Lo es por su gente. El atractivo principal de Riobamba, la Sultana de los Andes, lo constituye su gente. Es por ello magnífico que sea una mujer riobambeña quien haya decidido acometer la empresa –una más en su prolífica existencia– de recuperar del tiempo y de las fechas los nombres frescos y las miradas y acciones ncuestionables de las mujeres que en el pasado más o menos reciente han erigido la patria chica en esta ciudad grande.
Piedad Falconí Flores rescata un equilibrio humano en el reconocimiento a la mujer que cimenta, construye y habita las edificaciones, jardines, colegios, caminos y porvenires en Riobamba y Chimborazo; la autora de Riobambeñas y su aporte al progreso de la ciudad rompe con el tiempo y con la abulia para enraizar en nuestra cosecha la recolección de mujeres riobambeñas que han sacudido las esperas y concretado los mañanas en su propio ritmo, en sus desenterrados talentos y en sus miedos vencidos contra los prejuicios absurdos de las sociedades que rechazan la participación y aportes del género femenino.
Piedad Falconí de Cedeño se levanta con empeñosa fuerza en esta labor antológica de recuperar para la historia de Ecuador las figuras de más de una veintena de mujeres que han contribuido en algún momento a modelar la comunidad riobambeña contemporánea. Esta empresa no puede ser fácil. Sin embargo, con una mirada profesional, a la vez que familiar y amigable, ella recuenta la historia que ha compartido con algunas de estos personajes, y es así que Piedad Falconí acomete la obra con singular pasión.
Para ello se centra en la obra diversa y penetrante de la mujer en Riobamba, obra que aunque imposible de englobar en su totalidad absoluta, la sujeta ella a cierta investigación y escrutinio, con un imponente objetivo a realizar. Podemos apreciar entonces sus motivaciones e intenciones cuando la autora misma nos lo dice en su Conclusión:
Si bien no he podido hacer un acopio de datos y documentos completos de todas las producciones y aportes de la mujer de mi Provincia, sin embargo me cabe la satisfacción de haber iniciado una legítima ambición de mujer chimboracense al demostrar cuán valiosa ha sido su participación en la trayectoria histórica, así como qué indispensable es recopilar sus fructíferos aportes, no sólo para conocerlos sino, fundamentalmente, para que sirvan de base, estímulo y ejemplo a las futuras generaciones. La falta de documentos puede haberme privado de analizar la labor de otras destacadas mujeres, por lo que pido que cualquier omisión se tome en cuenta como resultado de la carencia de información.
Nunca en el caso de Piedad Falconí ni remotamente pensaríamos que fuera resultado de falta de su buena voluntad. Esta carencia de información, como ella bien lo dice, es un aspecto a considerar en el itinerario de todo interesado en la construcción de la memoria histórica de la ciudad y del país, un hecho por el cual debe resaltarse el valor de este trabajo. La autora nos participa de los parámetros que se autoimponen en este libro, pero no se conduele con estos limitantes. Ella toma algunos hilos históricos de personajes ya conocidas y comienza el entretejido de su compilación con marcada agudeza y matizado de sus vivencias las que integra al libro enriqueciéndolo. Divide entonces su obra en dos grandes escenarios históricos: el primero lo aborda en tres desiguales espacios y el segundo a manera de un importante apéndice, el cual se constituye en aproximadamente la mitad del libro. Examinemos estas áreas en la composición de esta interesante labor antológica:
Luego de este Prolegómano del libro --que les comparto ahora-- tenemos un perfil biográfico de la autora que fue investigado y hecho por la Dra. Jacqueline Costales de Torres, dilecta amiga de la autora y mía –y de todos nosotros- y quien de manera muy compendiada nos regala datos a los que pudo acceder: unos indagativamente, y otros que ella acopió desde su experiencia rememorativa y desde su relación amical con la autora.
En lo que se refiere al libro en sí, un inicio, y luego de un corto pero interesante Preámbulo, Piedad Falconí nos revela un pequeño bouquet de nueve Gestoras de cultura y progreso en Riobamba. Ellas son:
Magdalena Dávalos Maldonado, Jerónima de Velasco, Isabel Casamayor de Godín, Luz Elisa Borja Martínez, Carmen Amelia Chiriboga de Vela, Inés Falconí de Veloz, Carlota Cedeño de Villagómez, Amelia Gallegos Díaz y Sara Rodríguez de Lazo.
Con las tres primeras señoras sabemos que el mundo de la colonia sostuvo un interesante argumento femenino proveniente de Riobamba. Luego tenemos un brinco de época pues el s. XIX transcurre sin ninguna encomiástica alusión al aporte femenino. Cuando platicaba con Piedadcita –como la llamo yo—ella me decía: “Es que no hay. Es que no se sabe que haya.” Pero con Luz Elisa Borja inaugurando el siglo recién pasado llegamos al contenido vital de Riobambeñas y su aporte al progreso de la ciudad. Nos alborozamos con la primera mujer Bachiller en Chimborazo, Carmen Amelia Chiriboga, y recorremos el polvoriento rostro de una Riobamba casi bucólica y enteramente fragante con el apelativo de ser Ciudad de Primicias en el Ecuador. La mujer bullía en ese entorno de entonces también como ente de cultura, como gestora de progreso, y como en primicia para su ciudad y ejemplo para la posteridad –que es nuestro presente- se constituyó Carmen Amelia Chiriboga de Vela.
Cara a cara bebemos de la pedagogía de Amelia Gallegos Díaz, chambeña injerta en Riobamba para procrear conocimientos y desterrar la ignorancia a través de su entrega en las aulas. Reconocemos en Carlota Cedeño la renuncia y el apoyo incondicional conyugal emblemático de muchas mujeres para el excelente desempeño de su pareja. Y nos hace esto detenernos a reflexionar que ésa es también una manera de crear riqueza y de promover el progreso si el esposo a quien se apoya verdaderamente aprovecha la oportunidad y es un buen ejecutor. Y luego, admiramos y aplaudimos el derrotero de libertad de palabra y de acción que fortaleció en el periodismo Sara Rodríguez de Lazo, encomiable en su voz y en su mensaje.
El segundo espacio que emprende la autora en su libro lo dedica a un territorio hóspito y bello, aunque escasamente comprendido a cabalidad: nos habla de las Cultoras del Arte. De esta manera conocemos, aunque de ningún modo exhaustivamente a tratar, de personas como Olimpia Domínguez Bucheli, Cornelia Castillo de Moreano y Celia Castillo de Chauvett, la trilogía del arte como las designa la autora; conocemos a Enriqueta Vela de Banderas, Mariana Brito Vaca cada una excelente intérprete del piano; y conocemos a las Madres Marianitas Lucila y Sara Bustos Noboa, hermanas entre ellas, y ambas grandes figuras del arte y de la educación.
La tercera parte de acción expuesta por Piedad Falconí nos conduce a empresarias que también, en su mayoría, se han asignado a sí mismas el papel de generosas voluntarias en la ayuda a quienes menos poseen y más necesitan. En este espacio, Voluntarias y Empresarias se conjugan para sintetizar la construcción de una mejor sociedad riobambeña. En este sitio debiéramos encontrar el nombre de Piedad Falconí de Cedeño, de no ser ella misma la autora de esta precisa obra. Están con singular distinción las señoras:
Rosa Vallejo Larrea, Piedad García de Cordero, Estela Falconí Astudillo, Gladys Muñoz Guerrero, Aurora Avilés Pazmiño y Jacqueline Costales de Torres, esta última, reseñadora ella misma de quién es la autora, como hace unos minutos les referí.
Junto a ellas tropezamos a borbotones con la rica historia de muchas otras damas riobambeñas que igualmente recortaban de la noche las horas y ampliaban las caricias de sus manos y la sabiduría de sus mentes para multiplicar los recursos y construir el progreso, la cultura, la educación, la salud y la bonanza. Hicieron y hacen patria con sus empresas y labores, y educan e instruyen a innúmeras gentes en la ética del trabajo, en la moral de un buen hogar, en el recto pensar y en el actuar urbano.
En el segundo gran territorio que abarca esta obra –sus apéndices– la autora aporta de primera mano y nemotécnicamente, como actora sustancial en el reportaje fiel e ineludible. Sacude para nuestro beneficio los porqués de una institución y hace una Breve Reseña histórica de los inicios de OSCUS en Riobamba.
Esta importante parte del libro Riobambeñas y su aporte al progreso de la ciudad es un rico compendio que encapsuladamente nos aporta Piedad Falconí; es una estupenda y amena referencia para quienes se interesen en cómo un grupo animoso de mujeres riobambeñas, en trabajo de equipo, desinteresado y concienzudo, con mística de servicio apoyada en una fe cristiana, se dio a una labor que hasta la fecha despliega beneficios a un amplio sector de Riobamba y sus alrededores. Bajo el paraguas de OSCUS (OSCUS, un acrónimo que significa “Obra Social y Cultural Sopeña”), encontramos entonces otro filón de mujeres progresistas en Riobamba, mujeres que aportan al adelanto y que labran con su propio sudor y su pensamiento el bienestar de nuestra sociedad. Es la misma autora la que nos descubre con su franca sencillez la razón de este obligatorio apéndice cuando nos dice: Es necesario que conozcamos una labor en conjunto de las mujeres riobambeñas, compromiso de un voluntariado que se sintetiza en la breve siguiente reseña histórica de los inicios de OSCUS en Riobamba.
¡He ahí el porqué de la inclusión de este interesante apéndice en un libro titulado Riobambeñas y su aporte al progreso de la ciudad!
Piedad Falconí Flores de Cedeño está en paz con la historia, está a mano con ella misma, está en el borde de la inmortalidad porque ha sembrado nuestra memoria fértil; y nosotros –sus lectores y sus amigos– estamos en deuda con ella.
Y estamos, así mismo, en completo reconocimiento y agradecimiento a la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo de Chimborazo, con su Presidente --dilecto amigo, Gabriel Cisneros—y con su Consejo Directivo y equipo de trabajo, pues han respaldado y auspiciado generosamente esta iniciativa y trabajo de la autora.
Todo lector reconocerá en esta obra, en franca admiración y bajo prolijo examen, que se trata de un trabajo investigativo antologal altamente esperado sobre la labor, desempeño y huella de la mujer en la ciudad; que se trata del innegable tributo de Piedad Falconí al ascenso de la comunidad y a la construcción de mejores mentes y alientos dentro de la piel hermosa de Riobamba y de Ecuador.
18 septiembre, 2009
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