Gabriel CisnerosEN PALABRA EN PIE SE PUBLICAN ARTÍCULOS, POEMAS, CUENTOS Y OTROS TEXTOS DEL ESCRITOR ECUATORIANO GABRIEL CISNEROS ABEDRABBO, ES UN ESPACIO PARA EL ENCUENTRO DE LOS CREADORES CON EL EROTISMO, EL ARTE Y LA PALABRA, ESPACIO AL QUE PUEDEN ACCEDER QUIENES TRASCIENDAN SUS PROPIOS MIEDOS Y SALTEN DE LA CUERDA FLOJA SIN PERDER EL EQUILIBRIO ANTE LOS DEMONIOS QUE NOS ACOSAN EN LA COTIDIANIDAD.
ADVERTENCIA
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Tú deberías sabersoy un villano mortalque se... Leer más...
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SIN NOCHE DE BODAS
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MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y CULTURA

Palabra en Pie - Articulistas Invitados

Carlos Larrea Naranjo*
DOCENTE UNACH

El escritor Gabriel Cisneros, Presidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana “Benjamín Carrión”, Núcleo de Chimborazo, me invitó a escribir sobre un tema concerniente a Medios de Comunicación en relación con la Cultura; con gusto presento el siguiente ensayo.

Considero importante anotar el significado de la palabra cultura desde varias perspectivas, como la histórica que establece que es el conjunto de bienes materiales y espirituales creados por la humanidad en el curso de su existencia; desde la visión sociológica, cultura es el modo de vida de la población, adquirido mediante un proceso de socialización basado en la imitación y la educación, o también un fenómeno social que representa el nivel civilizatorio alcanzado por la sociedad en un determinado momento; etnológicamente, cultura es un pueblo o nacionalidad en particular; los positivistas manifiestan que específicamente cultura es un conjunto de actividades de creación y recreación, relacionadas con las artes, las ciencias y la filosofía; comúnmente se entiende a la cultura como un comportamiento personal relacionado con los buenos modales. Podría citar un sinnúmero de concepciones y definiciones provenientes de igual número de vertientes, pero para efectos de esta propuesta, voy a trabajar con las anotadas.

Esta riqueza de significaciones, confrontadas y/o complementarias nos ayuda a visualizar globalmente el fenómeno cultura. Cada cultura contiene dentro de sí elementos de tradición y renovación.

De otro lado los medios de comunicación masiva, fundamentalmente la televisión, constituyen el poder principal del sistema para difundir las nuevas ideologías, que anula la personalidad individual y reduce la capacidad creativa a meras fórmulas de conformismo ideológico y homogeneidad de contenido, preconcebidas en laboratorio para el consumo pasivo de la llamada sociedad de masas.

Como plantea Adorno en los postulados de la teoría crítica, todo lo que la industria cultural (medios masivos) comunica ha sido organizado por ella misma con el fin de seducir a los espectadores simultáneamente a varios niveles psicológicos.

El mensaje oculto, en efecto, puede ser más importante que el evidente, ya que este mensaje oculto escapará a los controles de la conciencia, no será evitado por las resistencias psicológicas, y probablemente penetrará en el cerebro de los espectadores.

Por su parte McLuhan sostiene que el poderío de los medios lleva a un aniquilamiento total de la conciencia, al generar un esfuerzo violento del individuo por eliminar la imagen personal y fundirse en una nueva identidad tribal, por lo tanto, el efecto de los medios sobre las interacciones sociales sería triple: conformar una manera de experimentar el universo; ponernos en contacto simultáneo y total con éste, y borrar nuestra identidad.

La industria cultural entendida como forma de dominación de las sociedades altamente desarrolladas, genera la manipulación del público desde los mass media a través de efectos que se realizan en los niveles latentes de los mensajes. Estos aparentan decir una cosa y en cambio dicen otra, ratifican el estado de sujeción por encima de la conciencia del público. El espectador, a través del material que observa, se halla constantemente en situación inconsciente de asimilar órdenes, prescripciones, proscripciones.

Podemos anotar algunos elementos identificables del poderío de los medios masivos:

Omnipresencia. Los nuevos instrumentos de información, o al menos sus contenidos, los encontramos por doquier, forman parte del escenario público contemporáneo (son en buena medida dicho escenario) y también de nuestra vida privada.

Velocidad. La comunicación se ha vuelto instantánea. Ya no es preciso aguardar varios días, o aún más, para recibir la respuesta del destinatario de un mensaje nuestro e incluso existen mecanismos para entablar comunicación.

Exuberancia. Disponemos de una apabullante y diversa cantidad de datos. Se trata de un volumen de información tan profuso que es por sí mismo parte del escenario en donde nos desenvolvemos todos los días.

Multilateralidad / Centralidad. Las capacidades técnicas de la comunicación contemporánea permiten que recibamos información de todas partes, aunque lo más frecuente es que la mayor parte de la información que circula por el mundo surja de unos cuantos sitios. En todos los países hay estaciones de televisión y radio y en muchos de ellos, producción cinematográfica. Sin embargo el contenido de las series y los filmes más conocidos en todo el mundo suele ser elaborado en las metrópolis culturales.

Desigualdad. La abundancia de contenidos y tantas posibilidades para la educación y el intercambio entre la gente de todo el mundo. Las naciones más industrializadas poseen porcentajes más altos de sus ciudadanos, en relación con los países más pobres o incluso en zonas o entre segmentos de la población marginados aún en los países más desarrollados.

Heterogeneidad. En los medios contemporáneos se multiplican actitudes, opiniones, pensamientos y circunstancias que están presentes en nuestras sociedades. Pero de la misma manera, puesto que en nuestras sociedades también tenemos prejuicios, abusos, insolencias y crímenes, también esas actitudes y posiciones estarán expresadas en estos medios.

Desorientación. La enorme y creciente cantidad de información a la que podemos tener acceso no sólo es oportunidad de desarrollo social y personal. También y antes que nada, se ha convertido en desafío cotidiano y en motivo de agobio para quienes recibimos o podemos encontrar millares de noticias, símbolos, declaraciones, imágenes e incitaciones de casi cualquier índole a través de los medios. Esa abundancia de datos no es necesariamente fuente de enriquecimiento cultural, sino a veces de aturdimiento personal y colectivo. Se necesitan aprendizajes específicos para elegir entre aquello que nos resulta útil, y lo mucho de lo que podemos prescindir.

Ciudadanía pasiva.
La dispersión y abundancia de mensajes, la preponderancia de los contenidos de carácter comercial y particularmente propagados por grandes consorcios mediáticos y la ausencia de capacitación y reflexión suficientes sobre estos temas, suelen aunarse para que en la Sociedad de la Información el consumo prevalezca sobre la creatividad y el intercambio mercantil sea más frecuente que el intercambio de conocimientos. Es pertinente señalar esa tendencia, que se ha sobrepuesto a los proyectos más altruistas que han pretendido que la Sociedad de la Información sea un nuevo estadio en el desarrollo cultural y en la humanización misma de nuestras sociedades.

La Sociedad de la Información es expresión de las realidades y capacidades de los medios de comunicación más nuevos, o renovados merced a los desarrollos tecnológicos que se consolidaron en la última década del siglo: la televisión, el almacenamiento de información, la propagación de video, sonido y textos, han podido comprimirse en soportes de almacenamiento como los discos compactos o a través de señales que no podrían conducir todos esos datos si no hubieran sido traducidos a formatos digitales. La digitalización de la información es el sustento de la nueva revolución informática. Su expresión hasta ahora más compleja, aunque sin duda seguirá desarrollándose para quizá asumir nuevos formatos en el mediano plazo, es la Internet.
Los efectos de los medios de comunicación sobre la cultura contemporánea, realmente son poderosos. En Ecuador y particularmente en nuestra ciudad, los medios inciden en la educación de las nuevas generaciones, moldean gustos y tendencias en públicos de todas las edades, construyen la agenda de los temas sobre los que discutimos a diario, y hasta han cambiado las formas de gobernar y hacer política; un ejemplo mediático: la posesión de las autoridades seccionales electas, para el periodo 2009-2013, en un espacio público (Parque 21 de Abril).
Lo que en tiempos pasados fue una verdad parcial, hoy es una verdad total. Los medios de comunicación se han vuelto más decisores en nuestra formación cultural, en la forma de relacionarnos con nuestros semejantes y nuestro entorno, e inclusive en el hogar.
Actualmente no idealizamos nuestra existencia sin los medios de comunicación masiva, como por ejemplo, la televisión, radio, prensa, internet, etc.
Años atrás, la comunicación de masas pesaba menos, pues se privilegiaba la comunicación interpersonal. Recordemos las reuniones familiares cotidianas, el intercambio de experiencias, el encuentro recurrente con los vecinos del barrio (cuchicheo, chismoseo), el deporte sabatino o dominical; inclusive las campañas políticas con sus comités y las consabidas y fogosas interlocuciones de los aspirantes de turno, espacios de una relación humana íntima, entrañable, que poco a poco desaparece, por el cambio mediático de los jingles, spots y afiches.
La pregunta que emerge: ¿La influencia citada beneficia o perjudica a la cultura?
Muchos aseveran que beneficia en el acceso a los bienes culturales. Pero hago una abstracción, y reflexiono sobre el hecho de que la cantidad, la abundancia, no es siempre sinónimo de calidad. Recuerdo lo expresado por Steiner: “los propios medios pueden trivializar, aún más, tanto el conocimiento como la experiencia, tanto el significado como la forma; los medios pueden estar atestados de basura e incitación; pueden anestesiar la sensibilidad hasta el punto de la inercia (el teleadicto frente a la pantalla del televisor).
Pero aún si se acepta que a la postre ese desbordamiento comunicacional enriquece la cultura de los receptores, surgen reproches de variada índole. Entre ellos, la concentración de los medios de comunicación en poderes que operan a escala universal trasmitiendo valores homogéneos y pautas de conducta que traspasan fronteras, alimentan un público trasnacional cada vez más uniforme y, según se previene, amenazan con borrar las identidades culturales a través de mensajes en general mediocres.
Las nuevas generaciones siguen siendo el lado débil y por tanto el objeto de las mayores preocupaciones. La ilusión de los medios electrónicos, con su facilidad de adopción, la magia de la pequeña pantalla de la computadora o del televisor, generan un distanciamiento de otras experiencias comunicacionales que exigen diversas formas de atención y una capacidad de reflexión que puede relegarse en aras de la inmediatez que ofrecen los nuevos medios. Junto con esas posibilidades, los nuevos instrumentos apartan a los jóvenes de otros procedimientos formativos, la serenidad de la lectura por ejemplo, al tiempo que producen una riesgosa simplificación del lenguaje, y una tendencia a confundir información con conocimiento. Otra de las inquietudes, una de las más clásicas sin duda, es la que acusa a los medios, en particular a la TV y los juegos electrónicos por su constante exhibición de conductas agresivas, una exhibición que más allá de la interminable polémica sobre su incidencia en los públicos juveniles, es por lo menos un factor a considerar cuando se analiza el fenómeno de la violencia en las sociedades contemporáneas.
Jesús Martín Barbero, en Medios y culturas en el espacio latinoamericano, detecta la emergencia de un ecosistema comunicativo marcado por la hegemonía de la experiencia audiovisual sobre la tipográfica y la reintegración de la imagen al campo de la producción de conocimientos, un proceso capaz de dejar una profunda huella en las formas de aprendizaje y culturización. También advierte sobre los riesgos de la concentración y los desequilibrios comunicacionales, pero al igual que Hopenhayn observa influencias culturales positivas en los medios que buscan a su manera responder a las nuevas demandas sociales y a las nuevas figuras de lo político. Con agudeza, anota la transformación de la cultura de masas en una cultura segmentada a la vez que observa la “reconfiguración de las culturas tradicionales y la conformación de nuevas culturas urbanas”, con foco particular en las “comunidades juveniles urbanas” basadas en nuevas culturas audiovisuales y electrónicas. Es el nuevo “mundo de los jóvenes”, signado por “reorganización profunda de los modos de socialización”.
Finalmente confirma la creciente interrelación de la comunicación y la cultura, sus tensiones, su confluencia y su complementación, al tiempo que advierte sobre algunas tendencias negativas que surgen de ese encuentro. Sin embargo, a diferencia de otras visiones proclives al pesimismo, las diversas opiniones recogidas auguran un futuro de relaciones menos conflictivas entre los medios masivos y las culturas singulares, las que resisten a la homogeneización. Así como en los intersticios de la ciber-red se objeta y acota la masificación, también la acción de los públicos, segmentados por la diversidad de gustos y tendencias culturales, obliga a los medios a particularizar sus mensajes y a romper, por tanto, lo que en algún momento se temió fuera un mercado único y monocorde de imágenes. En ese proceso destaca la tendencia a revalorizar lo nacional, lo propio, lo local, en lo que parece ser una suerte de revancha de las culturas particulares ante el empuje de la globalización.
El mantenimiento y progreso de toda cultura es el resultado de la relación dinámica entre esas fuerzas internas de tradición y renovación, que se expresa en la alternabilidad histórica de periodos de cambio y transformación con otros de quietud y preservación de lo logrado.

* Carlos Larrea Naranjo. Licenciado en Ciencias de la Comunicación Social; MBA. Master Bussines Administration; Diploma de Posgrado en Comunicación y Relaciones Públicas; Especializado en Comunicología y Análisis de Audiencias; Diploma Superior en Gerencia de Marketing; Especialista en Gerencia de Proyectos.
Ex docente de la UCCE-R y Universidad de Guayaquil. Actualmente es docente e investigador de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Nacional de Chimborazo.

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