Historias cabareteras del puerto: A TÍ, QUE ANDAS CON QUIEN NO AMAS
Palabra en Pie - WIlman Ordóñez Iturralde y lo montuvio
Wilman Ordóñez IturraldeNuestro amor murió/todo terminó/que vamos a hacer/así es la vida/Debo resignarme con lo que me toca/debo acostumbrarme a no besar tu boca/aunque ahora me quede con el alma rota/Si todos los sueños que soñamos juntos/no se realizaron/ se quedaron truncos/se acabó y punto/se acabó/se acabó y punto.
Arturo “zambo” Cavero
Arturo “zambo” Cavero
Tú sabes Calígula que esto trata de ti. De tus mentiras. De aquellos enredos de amor que te hacen la vida más difícil y que solo yo sé, deseabas andar conmigo; pero te dije que es imposible, que todos tenían afán de verte con aquél quién te robó por un fugaz tiempo en aquella cueva.
Calígula, nunca hubiese pensado que te lo dijera. Mira, aquí está la otra, la verdadera, la que no miente, la que dice que no debe revolverse la cuajada con la menestra. Si tú fuiste aquella a la que festejé bebido todas las noches de valses peruanos, esta canta, no es igual ti. Esta no deja sus pestañas postizas en el baño de ese minúsculo pedazo de verdad con olor a grillos y libros descompuestos.
¿Dónde estabas te pregunto cuando se me dañó el carro a las tres de la madrugada y esperé con ansias tus afectos y tu compañía? ¿Dónde estabas cuando mi hija (la de la otra, no esta, la otra) enfermó y tú me hablaste de la tuya como sino importara lo que me pasaba ese momento?
¿Recuerda cuando te dije que si me olvidarías te dejaría libre? Así fue. Me olvidaste. Y me olvidaste solo porque te diste cuenta en el mar que mi cuerpo tenía un defecto. Un defecto insignificante. Un defecto que otras amantes nunca invalidaron. Y hasta llegaron a amarlo cuanto me amaron a mí.
Y no te culpo. Tampoco me culpo. Siento que tuvo que pasar para darme cuenta de lo perversa que eres. Mira nomás tu ausencia. Tu última mentira. Yo sé que estabas con él cuando dijiste que no podías verme para el adiós. Sin duda haré que la canción del zambito Cavero Cariño bonito que cantamos juntos cuando te hamaqueabas casi dormida con ojos chinitos en mi hamaca te recuerde.
¿Dónde estabas te pregunto cuando se me dañó el carro a las tres de la madrugada y esperé con ansias tus afectos y tu compañía? ¿Dónde estabas cuando mi hija (la de la otra, no esta, la otra) enfermó y tú me hablaste de la tuya como sino importara lo que me pasaba ese momento?
¿Recuerda cuando te dije que si me olvidarías te dejaría libre? Así fue. Me olvidaste. Y me olvidaste solo porque te diste cuenta en el mar que mi cuerpo tenía un defecto. Un defecto insignificante. Un defecto que otras amantes nunca invalidaron. Y hasta llegaron a amarlo cuanto me amaron a mí.
Y no te culpo. Tampoco me culpo. Siento que tuvo que pasar para darme cuenta de lo perversa que eres. Mira nomás tu ausencia. Tu última mentira. Yo sé que estabas con él cuando dijiste que no podías verme para el adiós. Sin duda haré que la canción del zambito Cavero Cariño bonito que cantamos juntos cuando te hamaqueabas casi dormida con ojos chinitos en mi hamaca te recuerde.
Tu ausencia ahora ya no me parte para nada el alma. Quizás sí, cuando me fue difícil dejarte después de la sorpresota que me diste en esa plaza de mercaderes ricachones ubicada tan cerca y lejos del portal que me hiso ser tú cuando pagaba tu taxi de niña buena.
No digas hoy que me lo advertiste, que no deseabas hacerme daño, que solo te importaba mi amistad cuando fuiste tú quien se arrimó a mí buscando quién te diera la calma y la cortina. Jamás diré, eso ten seguro mujer, que te seguiré amando hasta la muerte. En esto fallaste ingrata, decirme que me amabas en tan solo tres días de haberme conocido. Y yo que te creí, yo que pensé que contigo no podía volver a fallar.
No tengo lo que buscaste, él lo tiene. No tiene él lo que aún buscas en mí. Nunca él tendrá lo que te doy cabrona. “Ya ves perdiste, perdiste, y todo porqué, todo por un mal paso”.
Así que, vuelve a tu cueva, ya nunca más te cantaré canciones peruanas, nunca más te diré te amo. Yo si te lo advertí, “no permitas que suceda”. De suceder, dañarías mi mente y nuestra calma. Y sí, te agradezco por esa noche y esa mañana de acordeones violentos. Esa fue la única noche que me amaste. Y esa mañana, todas las palabras que me escribiste aburrida desde el celular prestado.
¿Ya sabes que me fui Calígula? O aún no te chismean los matarifes que te acompañan. Calígula, me fui. Ahora le tocará al dolor volverse nuevamente ternura. Y a esta, la que me acompaña, ser mi mujer o mi cualquiera.
Vuelve a tu cueva Calígula, y sigue andando con quién no amas. Cuando acabe tu fantasía arco hielera no vuelvas a mí herida. No vuelvas, sino tendría que cantarte esta última canción peruana:
No me supliques más corazón que me haces daño/vete y no vuelvas más/ a vivir/ con quien jamás te amó/Vete mujer de todos/mujer que me lastima/deja que vuelva en mí/el amor y la ilusión/Yo te aseguro que/con él encontrarás la dicha/la dicha que no pude darte mi amor/Y si algún día vuelves/toda desprotegida/yo ya tendré familia/tendré un nuevo amor.
No digas hoy que me lo advertiste, que no deseabas hacerme daño, que solo te importaba mi amistad cuando fuiste tú quien se arrimó a mí buscando quién te diera la calma y la cortina. Jamás diré, eso ten seguro mujer, que te seguiré amando hasta la muerte. En esto fallaste ingrata, decirme que me amabas en tan solo tres días de haberme conocido. Y yo que te creí, yo que pensé que contigo no podía volver a fallar.
No tengo lo que buscaste, él lo tiene. No tiene él lo que aún buscas en mí. Nunca él tendrá lo que te doy cabrona. “Ya ves perdiste, perdiste, y todo porqué, todo por un mal paso”.
Así que, vuelve a tu cueva, ya nunca más te cantaré canciones peruanas, nunca más te diré te amo. Yo si te lo advertí, “no permitas que suceda”. De suceder, dañarías mi mente y nuestra calma. Y sí, te agradezco por esa noche y esa mañana de acordeones violentos. Esa fue la única noche que me amaste. Y esa mañana, todas las palabras que me escribiste aburrida desde el celular prestado.
¿Ya sabes que me fui Calígula? O aún no te chismean los matarifes que te acompañan. Calígula, me fui. Ahora le tocará al dolor volverse nuevamente ternura. Y a esta, la que me acompaña, ser mi mujer o mi cualquiera.
Vuelve a tu cueva Calígula, y sigue andando con quién no amas. Cuando acabe tu fantasía arco hielera no vuelvas a mí herida. No vuelvas, sino tendría que cantarte esta última canción peruana:
No me supliques más corazón que me haces daño/vete y no vuelvas más/ a vivir/ con quien jamás te amó/Vete mujer de todos/mujer que me lastima/deja que vuelva en mí/el amor y la ilusión/Yo te aseguro que/con él encontrarás la dicha/la dicha que no pude darte mi amor/Y si algún día vuelves/toda desprotegida/yo ya tendré familia/tendré un nuevo amor.
Links Amigos
- Radio Mundial
- Lógica Software
- GO Riobamba
- LA.KBZUHELA
- Sistemas Ecuador
- Poeta Paúl Puma
- ASI Ediciones
- Buho Andino
- Casa de la Cultura de Chimborazo
- Taller Literario CCE
- Casa de la Cultura Ecuatoriana
- Casa de las Iguanas
- Cuentos Fantásticos Ficción&Fantasía
- El Cielo es un Abismo al revés
- Pintor Miguel Yaulema
- Labios Mayores
- Los desvaneos literarios de un Freak Vampirico
- K-oz
- La Pedrada Zurda
- El Cuerpo del Hijo
- Dicción Desnuda
- Pintor Gonzalo Quinaluisa
- El Cronista de Riobamba
- Red Cultural de Chimborazo.ning.com






