Gabriel CisnerosEN PALABRA EN PIE SE PUBLICAN ARTÍCULOS, POEMAS, CUENTOS Y OTROS TEXTOS DEL ESCRITOR ECUATORIANO GABRIEL CISNEROS ABEDRABBO, ES UN ESPACIO PARA EL ENCUENTRO DE LOS CREADORES CON EL EROTISMO, EL ARTE Y LA PALABRA, ESPACIO AL QUE PUEDEN ACCEDER QUIENES TRASCIENDAN SUS PROPIOS MIEDOS Y SALTEN DE LA CUERDA FLOJA SIN PERDER EL EQUILIBRIO ANTE LOS DEMONIOS QUE NOS ACOSAN EN LA COTIDIANIDAD.
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EL TEATRO POPULAR MUERE EN GUAYAQUIL

Palabra en Pie - WIlman Ordóñez Iturralde y lo montuvio

A los grupos teatrales de la ciudad-puerto el Municipio les hurtó el derecho a mostrar su arte en el espacio público. La Plaza San Francisco pudo engalanar temporalmente grupos como La Taberna de Guayaquil (integrado por Juan Coque, Rubén Coque y Alfonso Crucellas) y los Comediantes de la Provincia de Los Ríos (integrado por Jorge León, Ney Ponguillo -reconocido personaje del programa Mi Recinto-, Marcela, Manuel Escobar; entre los que recuerdo que llegaron de Babahoyo bajo la dirección teatral del actor Henry Layana uno de los fundadores del popular grupo de teatro El Jugar). El público, -pueblo chiro-, educados, desclasados, campesinos y lumpen, esperaban con paciencia “la salida de los actores” desde las cinco de la tarde como si esperaran en la tribuna de cualquier teatro local.

Otros actores, -cómicos-, del teatro del humor, no inscritos a grupo alguno, como Giovanni Dávila (ex - Juglar), Alfredo Martínez (ex - Juglar), Tomás Delgado (La Vecina), Ángel Flores, Fernando Villao, etc., ya no se los ve recreando teatro callejero en la San Francisco.

Cuando esta plaza  no resistía la embestida de “tantos concurrentes” “se partían” los actores recreando su teatro simultáneamente entre la esquina del antiguo Filanbanco (actual Registro Civil) y en el frontal del Banco Central de las calles 9 de Octubre y Pichincha. Muchos de los actores de la calle fueron a parar a la televisión local y otros se vincularon a grupos de salas.  

Una de las razones -según el Municipio socialcristiano- que impidió a los grupos teatrales de la calle, actuar en el espacio público, es que “estos dicen malas palabras”. Visión facha y reducida que solo a la derecha rancia y kukuxklanesca se le puede ocurrir. Imagino qué diría un conservador burgués cuando se golpea el dedo de su mano al martillarse clavando un clavo. No creo que diga: uy Dios me pequé en el dedo anular de la mano izquierda por el clavo que quise clavar con el martillo; no creo que diga esto. Dirá: chucha de tu madre, hijo de la selemba puta, me machuqué el puto dedo. ¿Acaso no es verdad esto?

Entonces, prohibir la presencia de los grupos de teatro popular en los espacios públicos (consagrado en la Constitución como espacios de esparcimiento/recreación sin restricción al ciudadano) por las “malas palabras” es zoquetuda tontería de moralinos solapados.

Si bien los grupos de teatro popular deben revisar sus textos, sus propuestas escénicas para espacios públicos, no se les puede prohibir que actúen y muestren sus trabajos. Quién creería esto, los funcionarios que han decidido irrumpir en el arte popular, son los nuevos inquisidores del puerto. La nueva tribu de la piedra y lanza. Son, estos, aprendices de Torquemada. De nuevos motes kukuxklán.

Es lamentable, pero esto muestra la ciudad de mis amores. Estas contradicciones. ¿(Re) generación urbana o (de) generación urbana? Muestra nuestra ciudad las contradicciones de un capitalismo rapaz incapaz de percibir y comprender que el arte y la cultura popular definen, construyen y articula, una ciudadanía con derechos sujeta rebelar en esta ciudad inteligencia y saberes.

En Barricaña veo y aplaudo algunos de los actores a los que el teatro de la calle nos acercó y puso en la escena de Guayaquil de la década del noventa. Fernando Villao es uno de ellos. Bricio Bohórquez cuando tuvo su teatro Resistencia también frecuenta Barricaña.

Entre los actores del mimo que mostraron su arte en la calle está Nacho Rivera, quién acaba de culminar una gira por países latinoamericanos. Y unos de los más conocidos: Alberto “Inti” Ayala (además pintor), con su grupo Con-secuencias y el saxofonista Saúl.

Otros actores de la calle que sin duda fueron significativos deben saber cuán importante sería escribir una historia del teatro de la calle. Una historia que cuando se escriba, no deben silenciar al mejor de todos los grupos de teatro popular que tuvo Guayaquil: El Juglar. Actores que hoy se encuentran cumpliendo diversas actividades, desde el teatro de sala hasta la gestión y promoción cultural y comercial de proyectos. Historia que debe contársela recuperando la memoria de otro buen grupo que tuvo la ciudad-puerto, el grupo de teatro de la Casa de la Cultura en la década del sesenta. No tengo conocimiento hacia dónde fueron a parar estos actores, buenos actores por cierto.

Lo que yo, debo decirles a los actores que tuvieron la calle como su escenario, que vuelvan a juntarse, que peleen el espacio público, que se organicen, que el teatro popular los requiere. Que el pueblo chiro aún los espera envejeciendo en aquellos alrededores de la Plaza San Francisco. Ellos esperan, los actores deciden.

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