El Gallinacito: Un baile y una canción que nos acerca a Guayaquil, la memoria popular y los sujetos
Palabra en Pie - WIlman Ordóñez Iturralde y lo montuvio
Wilman Ordóñez Iturralde
Baile y música colonial (mestiza) que sobrevive en cierta manera de ser guayaquileño. Me explico: por costumbre los porteños tenemos formas folklóricas de movernos, andar y comunicarnos. Esto, que sobreviene cargado de genuinas maneras (lenguaje coloquial, besos y abrazos, liberados de todo prejuicio) de aproximarnos al otro, construye entre los sujetos, abreviaciones erógenas que salpican suspicacias cuando bailamos, cantamos, o echamos pajas (mentiras, cachos, chistes) a quienes nos ven, escuchan y se vuelven cómplices.
Fuimos (-y somos-) los guayaquileños, dados a estéticas corpóreas duplicadas de costeñidades. En el Guayaquileño encontramos cruzado lo afro-caribeño, lo cholo, lo montubio y lo indio-marítimo. El mulataje que nos sobra -de la cual hacemos galanura-, nos viene heredado por lo esmeraldeño, otros puertos (otras razas tropicales) y una no observada gitanidad que fluye en la palabra, la magia (adivinación) y las narraciones orales.
Todo, en nosotros (-porteños-), está diseminado. Por ello cantamos y bailamos abiertos y ligeros. No tenemos reglas. En nuestros movimientos no hay nada simétrico. Nada estático. Somos invencibles hasta en el tiempo que utilizamos para bailar, dialogar y beber hasta morir. Coreográficamente inventamos pasos y contoneos. Cadencias. Posiciones. Bailamos como reímos. Reímos para que nos escuche la otra esquina. Bailamos hasta quebrar el piso. La música que escuchamos la escuchamos en alto volumen.
No podemos callarnos. Somos imprudentes. Así es nuestra música y nuestro baile. Sin nada que las calle. Sin nada que nos anime a dejarlas ver de otra manera. Somos natura en estado embrionario y procaz. Zambos y mulatos. Cuerpos de varios colores. Relatos mordaces que juegan a bailar y cantar como si mañana fuésemos a morir tempranamente. La expresión de “no nos aguevamos y somos arrechos” nació en nuestras barriadas. En el Goce de la esquina. En la precoz sensibilidad de asumir nuestro cuerpo y el ejercicio oral de nuestras palabras:
El baile de El Gallinacito lo dice:
Dónde vas gallinacito
Ligerito y periqueando
A casa de la Conchita
Que me anda mucho rascando.
Córrele, córrele, córrele
No vaya ser que te alcance
El gato de doña Inés
Y te coma el rabo otra vez…
Dónde estás gallinacito
Con tu cuerpo acebado
Perdido entre la maleza
Encrespado, encrespado.
Córrele, córrele, córrele
No vaya ser que te alcance
El gato de doña Inés
Y te coma el rabo otra vez…
Ya viene el gallinacito
Con su cuerpito amolado
Donde fue que tú estuviste
Gallinazo colorado.
Córrele, córrele, córrele
No vaya ser que te alcance
El gato de doña Inés
Y te coma el rabo otra vez…
Vengo desde muy lejos
Solapado, solapado
Comiéndome una viejita
En el Estero salado.
Córrele, córrele, córrele
No vaya ser que te alcance
El gato de doña Inés
Y te coma el rabo otra vez…
El gato de doña Inés
Y te coma el rabo otra vez…
Aún no encuentro, (¿le interesa al folklore?), indicadores que me aproxime notar cuándo y cómo este baile y canción pudo llegar al Puerto (desde el campo) y quedarse como propia. Manabí (entre sus piezas del corro tradicional de los chigüalos) cuenta con una canción muy antigua, la que se conoce como juego de tres similar al gallinacito nuestro denominada Señor Gallinazo. La melodía es muy parecida. ¿Sería tal vez que del Puerto fue a dar a los chigüalos? ¿Cómo y cuándo puede haberse producido esto? El chigüalo Señor Gallinazo conserva estos versos:
Gallinazo de dónde vienes
Con esas medias tan blancas
Yo vengo de Cerro Negro
De bailar con buenas blancas
Andándole con despacio
El corazón se humilla
Cuando le tocan marcha
Parrapamplam…
Gallinazo de dónde vienes
Con la cabeza pelada
Señora no me avergüencen
Que la tengo acostumbrada.
Andándole con despacio
El corazón se humilla
Cuando le tocan marcha
Parrapamplam…
Gallinazo de dónde vienes
Tan pálido y mortal
Yo vengo del otro lado
Que me han querido almorzar.
Andándole con despacio
El corazón se humilla
Cuando le tocan marcha
Parrapamplam…
Compadre Gallinacito
Le gusta ser vaquero
Apenas pare la vaca
Le brinca por el ternero.
Andándole con despacio
El corazón se humilla
Cuando le tocan marcha
Parrapamplam…
La melodía del Gallinacito porteño es así: lalalalalalalala/lala lala lalala/lala lala lalala/la la la la
La melodía del Señor Gallinazo en cambio es más lenta: laralararalarara/lalaralaralala/laralararalarara/lalaralaralala.
Parte de esta forma de ser porteño: mal hablado, bailarín, gritón, dicharachero, erótico, arrecho, bravucón, solapado y burlón, literalmente está manifiesto en nuestro baile El Gallinacito. Que en su forma de bailarse se resume como:
a) Movimientos parecidos al ave de rapiña. Es decir: los brazos sostenidos atrás (por la espalda) y un arco de jarra entre los hombros y los puños. Golpeando fuerte el piso. Simulando atacar un contrario.
b) El paso característico es el de tonada. Cadencias de la cintura de un lado a otro como cayendo hacia los costados.
c) La coreografía se baila en círculos y en S.
El Señor Gallinazo -manabita- (juego, baile, canción montubia) se representa en Ronda. Con un personaje al centro simulando ser el gallinazo. Los movimientos -de rotación y traslación- son circulares. Termina el juego-baile cuando todos desean pasar a otra ronda.
En el universo sociocultural y simbólico montubio los versos parodian, se mofan, vacilan el ambiguo comportamiento de los mayordomos y capataces con los feudos terratenientes, la aristocracia criolla, y la muy declarada xenofobia clerical.
En el universo sociocultural y simbólico porteño, los versos muestran formas de ser y hacer propias de lo que tiene relación con lo local. Ya indiqué cuáles son estas formas.
El baile y canción porteño (guayaquileño) Gallinacito recogido aquí lo reconstruí a partir de informaciones orales emitidas por doña Inocencia Campos Coello de 95 años, quien nació en la ciudad y me comentó que su abuelo (liberal-radical) muy afectivo al General Eloy Alfaro, le comentó que tuvimos un baile “alborotador” como fue El Gallinacito. No tuvimos más información al respecto. Su memoria era frágil cuando recogí esta pieza musical y baile tradicional porteño. Doña Inocencia Campos Coello murió en Guayaquil a los 101 años. Nosotros nos quedamos con la música y el baile. Con la vida de esta representación. Con lo popular de nuestras estéticas subalternas que cantaron y bailaron nuestros mayores. Joya y recuerdo. Memoria. Nada más.
Links Amigos
- Radio Mundial
- Lógica Software
- GO Riobamba
- LA.KBZUHELA
- Sistemas Ecuador
- Poeta Paúl Puma
- ASI Ediciones
- Buho Andino
- Casa de la Cultura de Chimborazo
- Taller Literario CCE
- Casa de la Cultura Ecuatoriana
- Casa de las Iguanas
- Cuentos Fantásticos Ficción&Fantasía
- El Cielo es un Abismo al revés
- Pintor Miguel Yaulema
- Labios Mayores
- Los desvaneos literarios de un Freak Vampirico
- K-oz
- La Pedrada Zurda
- El Cuerpo del Hijo
- Dicción Desnuda
- Pintor Gonzalo Quinaluisa
- El Cronista de Riobamba
- Red Cultural de Chimborazo.ning.com






