Lo montubio en las fiesta del Yamor
Palabra en Pie - WIlman Ordóñez Iturralde y lo montuvio
Wilman Ordóñez Iturralde
Es posible que los grupos invitados (-conocidos y desconocidos que he visto de la costa y el Litoral-) a esta tradicional fiesta que refuncionaliza saberes, prácticas y ritos, que honran la tierra (Pachamama) y el maíz (trigo eterno de los dioses que anticiparon esta zona altiplana) no se den cuenta de la relación sociocultural y simbólica que esta fiesta permite para poner visible lo que sus pueblos crean y reproducen distinto a este pueblo de Otavalo, de antiguos Imbayas, que no por gusto cada Septiembre celebran su Yamor.
Digo esto a cuenta de observar que directores, ni bailarines, de los grupos costeños invitados, perciben esta relación y puesta en práctica; cuya observación natural a nuestra condición de ser diferente, nos permite y obliga por razones históricas y socioculturales, poner visible.
Quienes integramos la compañía de bailes escénicos montubios y porteños Retrovador, fuimos invitados a intervenir y participar -representando a nuestra cultura popular de Guayaquil y la región montubia- en el marco de la interculturalidad y “el intercambio de saberes”, a este Fiesta del Yamor, que desde hace por lo menos cincuenta años atrás (en la urbanidad) celebran en el mes de Septiembre los imbaburenses. Fiesta del Yamor que “loa” la incásica chicha de maíz y la fertilidad de la tierra.
Cada vez que puedo, -a los integrantes de Retrovador-, “los obligo” a pensar nuestra intervención en fiestas tradicionales y populares (aunque urbanas-mestizas y un tanto deformadas del original) como estas, disímiles de las nuestras. Como “tarea” todos deben escribir en una carilla lo que observen y entiendan de la fiesta. Luego, en otra carilla, deben hacer el ejercicio -de sentido y percepción- del cómo nuestra cultura montubia y porteña fue recibida y entendida por los invitantes. No soy de aquellos directores -por mi responsabilidad de investigador- que hacen uso de estos prácticas festivas para “el paseo, la farra, y la joda en grupo”. Asumo y me asumo en mi cultura montubia. Voy con ella. Cargo conmigo el ser rural y portuario. No obstante compartir también la recreación y la joda en el espacio y tiempo que nos toca. Pero primero, el ser responsable con nuestra práctica danzaria y la cultura que viaja con nosotros en nuestro carácter y personalidad.
Las conclusiones producen alegatos colectivos. Miradas profundas. Una agradable sensación de observar que nuestros objetivos -por lo cual concebimos Retrovador- son cumplidos. Estos alegatos colectivos devienen en diálogos fraternos sobre el cómo abordar nuestra cultura cuando salimos de nuestro lugar natal. Son diálogos que nos enriquecen. Que nos permiten crecer como grupo y sujetos de cultura.
En la práctica, esto, no se da -no hemos visto- entre estos otros grupos que llegan “representando la costa y su diversidad étnica”. Y no lo digo como queja, ya que cada quién es responsable de sus actos; sino como la des-oportunidad que desaprovechamos en el marco de lúdicas andinas donde suelen no percibir la costa y el Litoral tropical y sub-tropical, para posicionar lo que nos define y articula como cultura montubia y porteña. Teniendo estas oportunidades, carecen, los directores y bailarines invitados, de este sentido del ser, hacer y pertenecer montubio. Carecen del sentido de responsabilidad con el pueblo y las culturas que dicen representar. Lo ven como la oportunidad folklorizada del paseo y la joda. Como el divertimento. Como el paseo campestre al estilo boy scout.
Los integrantes de Retrovador lo entienden. Comprenden que la joda y la recreación social es buena, pero, también entienden y comprenden que sobre nuestro ser y hacer montubio-porteño, está y confluye una cultura y una identidad importante de visibilizar; está, en nosotros, el lograr que la sierra sepa, perciba, comprenda y valore, que el siendo el Ecuador multidiverso, deben incluir lo montubio como parte de ese ver y entender la interculturalidad pluriétnica.
Lo que ocurre cuando los costeños no somos capaces de hacer lo correcto
Vean como, Retrovador, siendo especialmente invitado por el Municipio local (cuyo Alcalde es Mario Conejo, a quien felicitamos por la buena organización del Yamor 2009) y su Comité de Festejos que recayó de manera responsable y muy profesional en mi amigo y hermano de letras el Concejal y poeta socialista (de los verdaderos) Aníbal Fernando Bonilla, todavía nos toca “dar guerra” para que la sierra sepa que, lo que ve en Retrovador, no es solo proyección estética de una música y baile sino que sepa ver en nosotros, en nuestras propuestas, un pueblo y una cultura, como es el pueblo y la cultura montubia.
El viernes 4 que fue el Pregón nos tocó participar ante 200 grupos de Otavalo e Imbabura; la gente, el pueblo de Otavalo, linda y sencilla gente, acompañaba con las palmas nuestra intervención y cantaba a voz pelada nuestras canciones guayaquileñas que en el pasacalle (pregón) danzamos. Pero resulta que cuando nos acercamos a la zona de tribuna en la que estuvo el Alcalde y los señores del Consejo, el animador, nunca anunció por micrófono quiénes éramos, de dónde proveníamos y a quienes representábamos. Solo dijo: “gracias, gracias, bello elenco de danzas”, pero no vio, no entendió, ni comprendió lo elemental de nuestra cultura que ya en el vestuario que llevábamos puesto se distinguía. Anunció sí, cada paso de los elencos mestizos que “representaron” lo indio. Lo cual tomo con calma y ligera tolerancia. El pobre hombre -el animador- pudo ver, percibir y valorar lo local y lo centro andino de la región, -lo cual es obvio-, pero cuando pasamos por la tribuna, en nuestros trajes representativos, de montubios y portuarios guayaquileños, distintos al poncho, el zamarro y la alpargata, no pudo ver y observar la costa, no vio el Litoral tropical y sub tropical de nuestras culturas. Sin duda –habrá pensado el hombre- fuimos enviados de Marte, veía en nosotros seres extraterrestres. Por no recurrir al lugar común de la heridas históricas regionales. Al sesgo.
Ya esto no me extraña. Lo ilógico es, que, la comprensión que tiene un gran señor poeta y Concejal como es Aníbal Fernando Bonilla, de un país pluridiverso y multicultural como es el Ecuador, se lo tiré este señor animador por la borda, creyendo insulsamente que el Ecuador solo es habitado por indígenas y no por zambos, mulatos, negros, montubios, cholos, mestizos, etc.
O, -también esto es probable-, el animador sea etnofóbico y racista. Siempre aprendí de mi padre que no hay peor racista que el de tu misma patria. Mi padre, tan conocedor y sabio (de la sabiduría popular), frente a esto, siempre suele repetirme que debo tener “el hígado más grande que el de la vaca”, para no caer en las mismas idioteces e imbecilidades que el animador de esta Fiesta del Yamor 2009.
Lo idiota y lo imbécil parece que se pega. Se les ha pegado también a ciertos directores e integrantes de algunos (por fortuna no a todos) elencos de bailes tradicionales y populares de la ciudad-puerto y la región en su conjunto. Parte de este ser invisible en la sierra tiene que ver con la pervertida y nociva creencia -por parte de los costeños desclasados y parias- de que las únicas danzas dignas de presentarse -“por lo vistoso de los vestuarios”- (mentalidad perversa que difundieron “los chichiguas -grupo de danzas- de Quito”) sea la indígena-mestiza. Además de venir, acá, a estas fiestas, en calidad de farrero y turista. A más de, el nulo o escaso conocimiento que tienen sobre su diversidad étnica sociocultural costeña.
Es reírse las descabellas “danzas y músicas” que traen “en nombre del “folklore costeño” a fiestas como las del Yamor. Cosas sacadas de los pelos. Vestuario impropio, músicas no definidas en función del lugar de la coreografía, pasos y movimientos no estudiados y fuera de lugar. Esto ocurre cuando los costeños no somos capaces de comprometernos a aprender y hacer lo correcto.
¿Qué hacer frente a este panorama grotesco e invisibilizador? Decía el maestro Paco Salvador de Ibarra director del grupo Muyacán, frente a esto, repensar un nuevo rostro del mestizaje montubio y porteño. Moverles la memoria a los sujetos sociales para que se apropien de lo popular que es donde está y se cuaja la identidad de uno. El resto es paja, una pérdida de tiempo, “novelería”, como dice Paco Salvador.
La clase en Ibarra
El sábado fue nuestro. Viajamos Ibarra, a La Casa que baila, a la escuela del conocido y respetado grupo Muyacán del maestro Paco Salvador. Llegamos a las 3 de la tarde. Y vean, cuando se tiene la voluntad de querer construir ese nuevo rostro del mestizo montubio-porteño, Retrovador durante seis horas continuas, recibió del maestro una clase magistral; para desde el arte, desde la danza, comprometernos y asumir el reto.
Estuvimos en Ibarra en este lúdico y mágico lugar “muyacanesco” La Casa que baila, hasta las 9:30 de la noche. Desde ese día sábado 5 de Septiembre, para quienes integramos Retrovador, la cosa es distinta. El maestro Paco Salvador supo incidir en los jóvenes que asistieron. Estoy convencido que la manera de abordar Paco la danza popular, dejó en Retrovador, ejercicios y tareas para repensar lo local con ese nuevo rostro al que se refirió siempre. Toca. Gracias querido Paco. Gracias Muyacán. Gracias Aníbal Fernando Bonilla. Que celebren siempre su mestiza Fiesta del Yamor.
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