LO MONTUBIO INVISIBILIZADO
Palabra en Pie - WIlman Ordóñez Iturralde y lo montuvio
Wilman Ordóñez Iturralde
De los montubios de antes. Valientes. Guerreros. Siempre orgullosos de su cultura.
De quién aprendí estos valores.
Willington Paredes, historiador guayaquileño, dice en su libro “Historia social de los montubios” que, cito: “son una etnia sociocultural invisibilizada y productora de símbolos, signos y ritos, diversos y distintos, a otras etnias visibilizadas del País”. Tan cierto es esto que ahora que me encuentro en México dictando talleres sobre los montubios, sus estéticas y sus culturas, he tenido que hacer un gran esfuerzo por desmitificar la indigenización a la que somos sujetos como productos culturales de mercado.
La primera pregunta que elaboré junto a los mexicanos fue si conocían en todo o en parte las etnicidades del Litoral ecuatoriano. La respuesta fue simple: No. No, según ellos, porque lo único que “sabemos de tu país es por unos indígenas que llegan a vender elaborados de algodón en el Zócalo los sábados de fiesta”. De ellos, manifiestan mis alumnos, “aprendimos que los ecuatorianos cantan y tocan sanjuanitos en quenas y rondadores de caña rollizas”. Bien por quienes llegan, muestran, asientan una cultura de un sector social y cultural de la Nación. Bien por lo que producen y recrean en estas -que son otras- esferas naturales y simbólicas quienes se animan a salir del país para “vender su pequeña producción histórica”, aunque sea manual, artesanal, inicio y fin de los objetos.
Esto no se discute. Los imbabureños -a quienes vi en el Zócalo- evidencian negocio y mercancía por cada metro de distancia que recorren. No hay en ellos algo que gravite en una conciencia cultural en sus elaborados. Los mueve la necesidad capital y primaria. El dinero. No se empeñan en indagar si en lo que venden están dejando un poco de sus saberes. No les interesa. La Patria es una fantasía cuando van en busca del bienestar derivado de la venta. Esto no lo saben ¿Les interesa acaso? los mexicanos, chicanos, californianos, neoyorquinos, canadienses, que ven en ellos un folklorismo asombroso y decorativo. Me intriga pensar el cómo vemos y entendemos los objetos. Como se producen, circulan y consumen los resultados. La demanda crece, los nativos crecen. Todos crecen en el negocio y la demanda, olvidando lo que cruza y determina entre el sujeto indígena y el blanco-mestizo que consume. La industria fue creada para ello. En esto el mérito es consustancial. No probo. En el “país de Manuelito”, todos somos engañados por ciegos.
No reconocernos en el interior es resultado de varias calamidades. Un Gobierno satanizador de la diversidad étnica y sociocultural de la costa. En esto nuestros gobiernos parecen Iglesia y Eucaristía. Imponen. No suponen, ni proponen, ni valoran las diferencias. Parecemos Clero. No feligresía. Destapar esta olla de entorpecimiento de nuestras realidades tropicales y subtropicales dignifica. Estimula. Ver a los imbabureños acá me enorgullece. Pero también me enorgullece estar aquí para poner visible mi cultura. La otra -y otras culturas- que nos señalan distintos a los sujetos de otras regiones de mi País.
También existen otras líneas invisibilizatorias. Un Gobierno centralista y monopólico. Incapaz e insensible. Incaico. Indigenista. Resultado de un alto ¿Altísimo? Porcentaje de burócratas centroquiteñistas vividores de un imaginario tahuantinsuyista. Hoyos o no Hoyos. Estos nacen, crecen, se desarrollan, se reproducen, siendo burrócoscentristas. Suponen un Estado, una Región. No un Estado: varias regiones. Miran la burocracia ¿Burrocracia? Cultural, política, económica, administrativa, etc., desde el negocio. Y no es negocio para ellos incluirnos. Manejan una mentalidad medieval obsoleta. El Estado para los quiteñocentristas (que por fortuna son pocos) debe poseer dos condiciones sine qua nom de supervivencia: Uno: no dejar entrar a los que no son ni piensan como ellos (los quiteños que jamás invisibilizan, que no son burócratas, que reconocen y valoran lo diverso y no son etnofóbicos, que por fortuna son muchos) y Dos: olvidarse que existen las otras regiones. Los otros pueblos. Esto finalmente no solo no deja ver las diferentes, las conmina, las destruye.
La tercera es también destructora y peligrosa. Una Iglesia poderosa y medieval. A quienes les importa un bledo las etnias. El poder no lo miden por las culturas. Lo miden por la cantidad de feligreses que se les van o que se les quedan. Si bien esto también es cultural, las razones son monárquicas y dominantes.
Reyes todos. Desde Poseidón hasta Marcos. Desde Arturo (aunque solo siga siendo un mito) hasta los Griales. A los gobiernos les interesan estos juegos de poder y dinero. Imaginemos que esto no fuera cierto, ¿Que tan lejos o cerca están las culturas de saberlo?
Lo montubio -y en esto vuelvo al historiador Paredes-, siendo “un poco más de un millón quinientos mil”, ¿Qué hace que no se los reconozca ni se los valore?
No crean que en México la cosa sea distinta. Esta Ciudad por lo menos muestra mayor tolerancia. Valoran a Zapata y a Villa pero también a Madero. Reconocen su Revolución de 1910. Aceptan la llegada de Marcos, el Sub Comandante, del cuál nadie sabe nada pero todos imaginan cantidades de cosas como: si vive en el extranjero, si el Gobierno se lo comió y lo cambiaron por otro, o quizás, si los Medios lo tienen subsumido puesto que ya no les resulta ningún efecto en sus ganancias. Votan por Calderón (del PAN), o quizás pronto por Manuel López Obrador (hoy del PT). Bailan danzones antiguos de la rancia burguesía y zapateos rancheros al mejor estilo del Estado de Jalisco. Cantan en la famosa Plaza Garibaldi y bailan en cuchitriles sus más sabrosas canciones rancheras. Esta Ciudad, entonces, es sencillamente más tolerante.
Tolerante y abierta es la cultura montubia. Aceptan, reciben, recrean culturas extranjeras como ésta la mexicana desde el ámbito de la charrería y bailan, cantan y festejan al ritmo de un tono de sanjuanito si es que el caso lo amerita. Mis abuelos montubios me contaban que escuchaban sanjuanitos en la radio y les parecían “bonitos, sencillos, pero bonitos”. Los montubios no se plantean la cultura desde lo que les conviene o no, en esto son muy liberales, ladinos; simplemente aceptan o rechazan lo que tenga o no una función social colectiva. No se distancian. Distanciarse para ellos es soberbio: grandeza de la mediocridad. Son lo que su cultura muestra. Por qué entonces no los incluimos, y en el exterior ¿“lo vendemos”? ¿Se podrá romper estos candados algún momento? ¿Es posible un Oasis socio cultural de las diversidades en pleno siglo XXI? ¿Una “fanesca cultural” a la que nos invita seriamente el historiador Willington Paredes?
Salgo de mi ciudad y cargo con mi cultura. Que difícil es ver lo mismo en otros compatriotas costeños. Montubios. Cholos y mulatos que emergen a hacia otras latitudes y van tan vulnerados ¿Acomplejados tal vez? Y quieren enseguida ser más Manolísimos que Manolo El Torero. Menos, ser lo que su cultura y sus identidades son en ellos y los diferencian. Debemos decirlo de una vez, reconocerlo de una vez: los serranos son más efectivizadores y negociadores de sus culturas cuando emergen y se asientan en el extranjero. En éstos gravitan sus bienes culturales. No se avergüenzan. Indios y mestizos. Mientras sean serranos: vivan los carnavales, las risas, los universos gastronómicos de sus entornos andinos. Seguro que algún mestizo serrano se acompleja por su ancestro indio, no podemos negar esto –como los motorizados roqueros de Otavalo, con grandes Harley Davidson- pero en general hasta música chicha (mientras lleve el tono de sanjuanito) bailan, entonan, participan y beben.
Afuera exhibo mis valores montubios. Adentro pido respeto por mis valores montubios. Me enorgullezco de ellos. De mis valores montubios. De mis derechos culturales montubios conculcados en la Constitución de la República. Por mí, por mis padres, por mis abuelos montubios, por mis amigos montubios. Por mi Región de la que provengo: montubia toda, y afro- mulata, chola, porteña. Con señas e identidades propias que las caracterizan y las muestran en la diversidad natural, geográfica, simbólica, con signos propios y ritos representativos. Afuera y adentro, soy mi cultura. Mi cultura me lleva. Mis culturas costeñas me dinamizan. Me hacen decir, enseñar, desde la diversidad y no fragmentado, quebrado, parchado.
Por ello acá, en México, enseño la Iguana. El Alza. Er Moño. Er Tábano. La Casiquilla. Er Galope. Er Saca tu pie. Er Corre que te pincho y tantas variedades y piezas de tonos y bailes que caracterizan mi Región y mi Provincia. No represento a Manabí, soy Manabí. No represento ar Guayas, soy Er Guayas. No represento a Los Ríos, Soy Los Ríos. No represento a El Oro. Soy El Oro. Soy, soy, soy, en el Ser y en el Tiempo: montubio. Orgulloso de mi tierra y mi cultura.
No me corten mi País. Lo quiero diverso. Acá también pueden vender sombreros de paja toquilla. A la Santa Montubia Narcisa, muy Guadalupana. Marimbas. Amorfinos. Y vender la Revolución Alfarista. Gloria de nuestras identidades costeñas.
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