VIEJO NAPO: MULATO DE FUEGO
Palabra en Pie - WIlman Ordóñez Iturralde y lo montuvio

Willman Ordóñez Iturralde
Sin cachos, sin bebidas, sin noches de yerba; aquí, solito, me encuentro reventado por canciones de mi pueblo que en la voz y el talento del Viejo Napo el puerto extiende sus penas y alegrías.
Maníaco con las miradas de las mujeres morenas, el viajo Napo es un mulato de fuego. Un acordeón que teclea todo lo que huela a manicho, batracias y capitanes de remos que cagaron en el estero salado por carecer de una letrina en su casa de caña desvencijada, vieja.
Vacilador. Nochero. Perdido en la maleza. Héctor Napolitano es de esos seres extraterrestres bipolares que para no amargarse compone. Rastrea a través de su música una cultura subalterna que el poder se encapricha en dominar. Mata sus penas en voces raspadas que a su vez matan nuestras penas.
Si bien la música de Napo la consumen jóvenes des-heredados de la clase media yerbera, los versos aluden a la historia de un Guayaquil más profundo. Más violento. De un Guayaquil victima de cercos y bloqueos burgueses que reducen lo festivo popular a la periferia.
Escuchar a Napo es un catéter. Nadie escapa a su buena onda de niño relámpago. A su swing. A su tres mágico. Muchos son los conciertos –aniñados y masivos- que en Guayaquil ha dado. El país lo reconoce y valora. Galápagos es su tabernáculo. Las Islas se enorgullecen de amarlo.
Guayaquil, la loca, la bella de su son dominguero, es la liturgia en ciernes de su camposanto. En Guayaquil napolitano escribe. Fuma y bebe hasta el tuétano caprichoso de su costeñidad. Napo canta y el puerto sumerge:
Hace tiempo que quería/cantarle a Guayaquil/cantarle al Cerro Santa/y al Carmen donde nací/cantarle al Cerro Santa Ana/y al Carmen donde nací/Guayaquil/la tierna/Guayaquil/la bella.
Es la sensibilidad por lo popular lo que posiciona al Viejo Napo con su ciudad. Guayaquil, en sus composiciones, se siente atraída. Cómplice. Sabe que lo que canta Napo tiene que ver con ella. Con su espíritu nativo. Irreverente. Mulatero mejor dicho. Así compone sones y guarachas. Blues y bachatas. Valses criollos y rocola. Géneros que fusiona con varios ritmos y le sale una ralea musical muy propia. Con sello de identidad napoportuario. Bolón de verde; Mojón en la marea; Cangrejo criminal; Corazón de matasarno; Gringa loca; Platos sucios, etc., son algunas de las conocidas canciones que la gente solicita en sus conciertos. Que la gente canta a cogote pelado:
Gringa loca, gringa loca, gringa loca/fuiste tú la que se quiso casar/me llevaste con engaño hasta la yoni/y ahora a pata me tendré que regresar/si en la calle te pegué fue por coqueta/me hostigué de soportar tu eterna vanidad/yo sé que tus padres quedaron/traumados con mi proceder/por eso anda por los techos cargando la cruz/del Boliviano amor.
Canta la gente como si nada ni nadie los escuchara, en esto -y otras cosas, claro- son muy montubios los porteños:
Manquesea (aunque sea: término montubio) que me ahorque un cangrejo criminal. Ya no tengo tus besos/y no concilio el sueño/desde que tú te fuiste/de Ballenita a la Yunai/me he tomado mil tragos/y no he ahogado mis penas/estoy desesperado/solo el suicidio es la solución/por eso yo me voy a tirar al mar/me voy a tirar al mar/para que un pez espada me parta por la mitad/para que un pez espada me parta por la mitad/y si en el mar no encuentro/a ese pez espada/y si en el mar no encuentro a ese pez espada/manquesea que me ahorque un cangrejo criminal/manquesea que me ahorque un cangrejo criminal.
Una relación sicosocial in extremus está latente en sus canciones. La vinculación de una sociedad necesitada de referentes afectivos está en “las cosas más sencillas, en esa cosas leves y profundas” como le escribiera la poeta Violeta Luna.
El Viejo Napolitano no piensa dejar el mundo. Con chayo y canalete seguirá navegando y pescando elementos de las culturas populares para hacerlos música. Hacerlos fuste de guateques y chinganas festivas. Sabe que para bailar un bolero se necesita mujer, licor y arrechera. Un son no lo baila cualquiera. Beber, bailar y dormir. Desde Puzandao hasta Costa de Marfil. Heredad medieval. Napo lo sabe. No hay mejor cosa que pegarse una parranda de tres días seguidos y luego dormir, y morir, igual da. Para renacer, sin cachos, en el eterno son guayaco, del Viejo Napolitano. Del pana. Del cantor popular de la chusma mas chévere que ha parido Guayaquil después de Julio Jaramillo y de Olimpo Cárdenas.
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