Gabriel CisnerosEN PALABRA EN PIE SE PUBLICAN ARTÍCULOS, POEMAS, CUENTOS Y OTROS TEXTOS DEL ESCRITOR ECUATORIANO GABRIEL CISNEROS ABEDRABBO, ES UN ESPACIO PARA EL ENCUENTRO DE LOS CREADORES CON EL EROTISMO, EL ARTE Y LA PALABRA, ESPACIO AL QUE PUEDEN ACCEDER QUIENES TRASCIENDAN SUS PROPIOS MIEDOS Y SALTEN DE LA CUERDA FLOJA SIN PERDER EL EQUILIBRIO ANTE LOS DEMONIOS QUE NOS ACOSAN EN LA COTIDIANIDAD.
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BARRICAÑA VANGUARDISTA

Palabra en Pie - WIlman Ordóñez Iturralde y lo montuvio

Willman Ordóñez Iturralde

Esto de Barricaña vanguardista es por la irrupción sociológica del espacio. Por el momento histórico en que se da, muestra, responde y corresponde. Sus propuestas -etnógrafas y contemporáneas- están vinculadas a lo simbólico de una ciudad nómada como la nuestra.

Barricaña ha definido claramente el concepto y la idea para la que fuera creado. Desde los inicios fue vanguardista. El solo hecho de ser parte de la Plaza Centenario define la cultura y la historia como centro de vanguardia. De entendimiento y comprensión conjunta. Cultura sociedad e historia están representadas entre Barricaña, La Plaza Centenario y los ciudadanos que son parte de esta relación sociocultural, festiva y simbólica.

No es menos cierto que también está integrada por el entorno. El cuerpo de Barricaña está en lo social y lo social está en el cuerpo de Barricaña. Existe una fenomenología no detectada aún. Antropológicamente está en proceso de reinvención constante.

Barricaña ha logrado en 17 años una unidad artística-estética que responde a lecturas comprendidas desde la interculturalidad. Siendo Guayaquil porteña se observa un tributo a lo montubio. Lo montubio no solo es ese Ser y Hacer de sujetos sociales del campo; no solo es la caña guadúa que diseña el interior de Barricaña; lo montubio está en el habla, la comida, la música, la relación dialogal, el baile; que crea y mueve el mestizo amontubiado del puerto.

El Puerto no es solo el marítimo (que se entiende desde la Compañía pública y el comercio) es la y las culturas intermedias. Es el río. La otra cultura, el margen. Los sonidos, los pasos y el mercado. La risa. Los amores y amantes de piernas abiertas y de versos.

No hay nada lejano en torno a Barricaña que no delate esta larga y profunda vinculación. Su nombre es vanguardista. Barro y Caña. Navegantes marítimos y montubios. Hacedores de artesanías y cosmogonías representativas. Mutación e hibridación sostenida. Aceptada y desinhibida. Seña. Carbón y horno. Manigua y cemento.

Barricaña es este espacio y más. Más porque no obstante saber que está y funciona en el marco de lo múltiple, esta fue creada por un artista. Un actor popular de la escuela de los juglares que cantaban  de pueblo en pueblo. De El Juglar que el flaco Suárez creó para hacerlo colectivo. No sujeto a lo cerrado. Demoniaca. Barricaña fue resultado de El Juglar. Mística y condición de trabajo, disciplina y detalles cotidianos.

Tres meses ha pasado desde la muerte de su conductor y amigo Enrique Ponce Morán. Y no ha “reculado”. No está desobligada a continuar. Tiene temple de guerrero. Otros ven por ella. No se angustia. Muta. Nadie la turba.

He visto volver a Barricaña a novelistas, poetas, pintores, músicos, historiadores, bailarines, escritores, actores, gestores culturales, que creí desaparecidos. No hay en Guayaquil otro “punto a favor de la cultura” como esté.

Hubo en la ciudad otros que desaparecieron. El mérito de este es su constancia, su comprensión social y cultural de las necesidades intelectuales y creativas de los “visitantes útiles”. El espacio como encuentro y desencuentro. Ponch y plancha. Como aquél juego erótico y tradicional de sin que te roce.

A diferencia del zaguán, -donde el chisme como trama social aviva las medianas mentes-, Barricaña responde a una necesidad vital de crecer hablando para entenderse. Los que a diario nos juntamos aquí sabemos lo importante que es tener en la ciudad un lugar para la palabra, la calidez y el afecto. Hasta para la discusión y el disenso. El foro. Lo cual convoca.

Siempre es y será vanguardista entonces. Como Mayo, el poeta. El de Zaguán de aluminio. El manaba de la modernidad. Este al que admiramos y seguimos oyendo. Relator, mágico. El poeta. Barricaña. Vínculo umbilical.

Pasar la ciudad, -Guayaquil-, y no entrar, ver, oler, percibir Barricaña, es no estar, ni andar ni ver, ni percibir la ciudad. El río, el puerto, que la detiene como un cuento y mito del Ser y Hacer guayaquileño. Llegar a Guayaquil y no entrar, comer, beber, entregarse en cuerpo, sensaciones, percepciones, sueños, en Barricaña, es no saber que la ciudad es y se hace también de esto. Lugares de pasión, color, energía, en la que los artistas sucumben y habitan. Ritualizan, crean, imaginan.

No imagino Guayaquil sin Barricaña. No imagino Barricaña sin Guayaquil. No imagino este lugar sin los mimos, los zanqueros, los músicos, los pintores, los bailarines, los intelectuales, los escritores, los historiadores, los políticos, los charlatanes también y los habladores de pacotilla. El vendedor de maní. El vendedor de ces aunque estos no sirvan. El vendedor nocturno del periódico del siguiente día. Todos somos cómplices de la cotidianidad y los acontecimientos en Barricaña. Barricaña le entrega a la ciudad y al país estas complicidades. Fuego y goce. Vanguardista. En los ojos de la memoria, y del tiempo, ni más ni menos.

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