Chigualear-chigualeando: enseñanza lúdica de la oralidad montubia manabita
Palabra en Pie - WIlman Ordóñez Iturralde y lo montuvio
Wilman Ordóñez Iturralde
Es posible que este año comparta chigualos en el sitio Garrapatilla de Chone. Estaré con mis amigos la familia López-Mejía de Tosagua. Deseo compartir El niño escondido y cantar: chigualito, chigualeando/canto, baile y emoción/chigualito, chigualeando/eres de mi corazón. Jugar “a perder el niño Manuelito” y recrear la broma como sentido de alegría comunitaria.
Manabí es el lugar perfecto de esta forma de ser y recrear lo tradicional en Navidad. Cuando nace el niño. Niño al que se canta, baila, reza y se invita a compartir lo divino y pagano; lo sagrado-mítico y la función colectiva del ser mestizo en Manabí con una profunda raíz e identidad montubia.
Chigualo: ángel de la montaña. Dícese: de juego, baile y canción. De ronda, versos, mistelas, aguado, rompope, guitarras, villancicos, romances; pájara pinta, el Goyo sabido, la viudita del conde, la pastora, doncella del prado, la carbonerita, el mudo, la rancherita, el gallinazo, canoíta o zapateando la calabaza, mantantirum tirulán, la mariposa y el colorado. Tantos y más nombres de un calendario narrativo, poético, musical, bailable; de rezos, de alabanzas; que emanan ríos de gracia en esta maravillosa provincia de generosos cholos, montubios y blancos-mestizos del Litoral.
Jugaré, cantaré, me enamoraré (con el juego amatorio de seducción y conquista: el caderazo del Cantón Rocafuerte; con versos de lanza: cielito sobre cielito/cielito azul celeste/contigo me he de casar/aunque la vida me cueste); rezaré, seré cómplice de todo y cuanto el chigualo me convoque y provoque. Dejaré que lo manabita sea signo y significado de mi yo espiritual y festivo. Así, entenderé que en mi constructo de costeño en la diversidad, soy la diferencia en un país múltiple y diverso.
Vamos al chigualo
Todo comienza en el Medioevo que vio al villancico (-niñito bonito/ojito de lucero/con una mirada/mira el mundo entero. De los doce meses/dos me gustan más/el mes de María/y el de Navidad. Ya viene el niñito/cantando entre flores/y los pajarillos/le cantan amores-) como posible relación oral de sus juegos de niña mora. De sus escondidos secretos fetiches y erotómanos. Lo trae España en el imaginario adulto. El triangulo de la alabanza lo recrea y “obliga” a aceptar la Iglesia Católica con Chirimías y Organillo de capellanes músicos. El manabita lo siente funcional y le da sentido. La cultura mulata-montubia que la hereda es tan parecida a la hispánica de la Andalucía que la transmite. El habla, la música y el verso tradicional español se conecta con lo local de la Provincia. Es la antigua Villa de Portoviejo el lugar donde se asienta y recrea. Luego se desplaza a los demás Sitios y Caseríos.
La sociolingüística manabita lo refuncionaliza cada Diciembre. Comienzan el 23 (en vísperas) con: viene, viene ya/viene, viene, ya/ el juego del niño, de la Navidad/nacen los pastores, pronto bajará, el niño Manuelito, de la Navidad. El 24 es el día de la emoción: esperemos alegres/esperemos contentos/que nazca el Niño Dios/en el sagrado aposento. Desde las 8 de la noche del 24 hasta las 12 de la noche, los familiares, padrinos, cognados y convidados, salen rumbo a la Iglesia cercana para bendecirlo y simbólicamente entregarle la responsabilidad de la custodia al siguiente cuidador -y elector- de sus enseñanzas y preceptos morales.
Regresan a casa de su “dueña”, la matrona del chigualo; la “madre” del niño en la tierra (esta heredad también es simbólica y muy espiritual). La matrona los recibe, despojándose de todo bien material. Los padrinos comparten la responsabilidad del acto. Los familiares de la dueña se autoconvocan. Los amigos del sitio, la comunidad, el barrio, colaboran. Nadie escapa, “el niño Dios lo merece”. Manuelito es su parte sagrada. La materia de su conciencia. Su relación con lo divino y misterioso de sus deseos.
Comienza la fiesta
La matrona y los padrinos invitan rompope y “vino de Iglesia”; hay camaradería. Aún falta para el rito pagano. Los chigualeros esperan ansiosos el momento. Las mujeres dan la Liturgia y el rezo se apodera de los presentes. Las mujeres ancianas rezan con catarsis El Rosario. Los Salmos y Pasajes de la diáspora cristiana están el nivel máximo.
Llegada la medianoche del 24 toca “don Dionisio” la puerta de la piel y les provoca el eros climático a los asistentes. Los niños “afuera” a jugar: pito, pito, colorito, donde va, mi tamborcito, a la vera, verdadera, pin pon afuera. Los presentes están medio libidinosos y para demostrar aún respeto a Manuelito -y poniéndose medio moralinos- le “solicitan” permiso (acabando así la tortura del rezo):
En nombre de Dios/del hijo todo/permiso niñito/ser que adoro/cubriremos tu rostro/con decoro/vamos a jugar/el gallito de oro. Al niño Manuelito le han cubierto el rostro con un pedazo de tela de paño color blanco. Los asistentes cantan: oh Virgen de Altagracia, oh Virgen venerada, en otras casas brindan, aquí no brindan nada. Todos ríen. Es hora de la ironía, la burla y la sátira. Hora del acordeón, la guitarra y la vigüela. Hora de la ronda, el corro. El relato antiguo. La dueña y los padrinos del niño piden a los invitados servirse un aguadito primero. Unos pastelitos de Nochebuena. Los chigualeros comen y beben a gusto y presencia del niño Manuelito. La tortilla de maíz, el café con corviche, los bollos de plátanos, el seco de pato o gallina, las empanaditas de yuca y verde, son los bocados preferidos del agasajo navideño a Manuelito.
Luego suenan las guitarras: llega el baile de tablas o baile de lámpara. No baile de arroz quebrado como quiso el español, el criollo y el cura acomplejado, que llamásemos a nuestros bailes tradicionales montubios. Este corrido es el abre boca del festejo: Qui hubo, qui hubo, le zumba el mango, a mi pareja ya bien sabes que soy hombre, esto no es rumba, ni menos tango, pero al bailar, sí señor, le zumba el mango, a la pareja se la toma con cuidado, y hay que darle un poquito de compás, aunque les digan que serán una coquetas, remolonas, muy brinconas, bien está.
Ya nada es cursiva en estos momentos. Todos han resuelto qué jugarán, a quién dirán sus versos. Que pareja “está suelta”. Con quienes desearán el contrapunto. Han definido el círculo como compás y algarabía. Juegan y cantan en rueda. Extienden una sábana y juegan el pato. El florón. La caminante, la pájara pinta. Cambian parejas a la velocidad de la luz. Los niños siguen afuera y es posible que el niño Manuelito esté estos momentos con ellos. Chigualeando con ellos: gallinazo de dónde vienes, con tu cabeza pelada, yo vengo de todas partes, que la tengo acostumbrada. O jugando a la pájara pinta, sentadita en un verde limón, con el pico recogiendo una rama, con la rama recogiendo una flor. ¿Dónde estará su amor?
Volviendo a la rueda de adultos, todos cantan una versión de la caminante: tu madre está en París, tu padre está en batallas, fregado hasta la agalla, mordido de jabalí, y tu mamacita linda, querida por mí. Luego juegan a La Doncella: Doncella del prado/del campo saliste/a recoger flores/de mayo y abril/yo tomé esta niña/por ser la primera/por ser la más bella/de todo el vergel/aquí la he encontrado/aquí ha de quedar/dentro de la rueda/tendrá que bailar.
La puesta escénica y estética del niño Dios (Manuelito) en el pesebre está adornada de ingeniosos pastores, burritos, carruajes de madera, mucha paja, ángeles, foquitos de colores, estrellitas de luces, los Reyes magos. María, José, un perro, (¿es posible que el montubio haya acogido con beneplácito al perro como su compañero fraterno después de observar que el perro tuvo fuertes vínculos con el tránsito de la Estrella de Belén hasta la llegada del Mesías?) ¿La Iglesia comprendió esto? Seguro el montubio sí.
Versos que se dicen en medio y en relación al juego
Yo sembré la hierbabuena/para no sembrar cilantro/amorcito como haremos/para no querernos tanto. Más arriba de mi casa/hay una mata de uvilla/donde pasa mi negrita/meneando la rabadilla. Desde aquí te estoy mirando/cara a cara/frente a frente/sin poderte yo decir/lo que mi corazón siente. Aquí está la piedra liza/donde yo me resbalé/dame la mano mi vida/que yo me levantaré.
El 25 de Diciembre se extiende
En ciertos lugares de Manabí el chigualear es cuestión de tiempo. Algunas comunidades terminan el 25 de Diciembre. Otras llegan al 6 de Enero (Bajada de Reyes). Y las más apartadas esperan la llegada de la Fiesta de La Candelaria (2 de febrero) para culminar los agasajos. En La Candelaria cantan: el 2 de febrero/son las candelarias/cantemos al niño/antes que se vaya. Si yo fuera prioste/con mi compañero/los dulces yo diera/el dos de febrero.
Al chigualo y la sociedad premoderna manabita (¿folklórica acaso?) débeselos antropologizar. Sociosicoanalizar. Y no menos cierto historiarlos para entender cómo los periodos fueron recreando el hecho oral manabita a través de sus versos. Rechazando, además, lo que no tuvo sentido en su cotidianidad y prácticas sociales.
La representación para no perder la memoria
Es importante la recreación y representación cada año del chigualo en Manabí. En el aula, en la casa, en el barrio; trabajando la tierra; navegando por los ríos; hablando con el otro. Con su par o con su extraño. El chigualo a Manabí le otorga una seña de identidad transversal de desarrollo. Débeselo declarar Patrimonio Oral Inmaterial de la Provincia de Manabí. También al amorfino, por ser su canto mayor. Su conducto. Parte de su personalidad y característica.
Ya es Diciembre, Volveré a ti mi querido Manabí. Espero sea para participar de tus chigualos. Los recuerdos forman parte de mi cultura montubia. Volveré a ti Manabí, jugaré el sombrerito: el juego del sombrerito/que se juega de esta manera/dando la media vuelta/dando la vuelta entera/el que no quiera bailar/que se salga de la rueda/con el sombrero en la mano/poniéndoselo a cualquiera. Espérame Manabí, yo te quiero.
Es posible que este año comparta chigualos en el sitio Garrapatilla de Chone. Estaré con mis amigos la familia López-Mejía de Tosagua. Deseo compartir El niño escondido y cantar: chigualito, chigualeando/canto, baile y emoción/chigualito, chigualeando/eres de mi corazón. Jugar “a perder el niño Manuelito” y recrear la broma como sentido de alegría comunitaria.
Manabí es el lugar perfecto de esta forma de ser y recrear lo tradicional en Navidad. Cuando nace el niño. Niño al que se canta, baila, reza y se invita a compartir lo divino y pagano; lo sagrado-mítico y la función colectiva del ser mestizo en Manabí con una profunda raíz e identidad montubia.
Chigualo: ángel de la montaña. Dícese: de juego, baile y canción. De ronda, versos, mistelas, aguado, rompope, guitarras, villancicos, romances; pájara pinta, el Goyo sabido, la viudita del conde, la pastora, doncella del prado, la carbonerita, el mudo, la rancherita, el gallinazo, canoíta o zapateando la calabaza, mantantirum tirulán, la mariposa y el colorado. Tantos y más nombres de un calendario narrativo, poético, musical, bailable; de rezos, de alabanzas; que emanan ríos de gracia en esta maravillosa provincia de generosos cholos, montubios y blancos-mestizos del Litoral.
Jugaré, cantaré, me enamoraré (con el juego amatorio de seducción y conquista: el caderazo del Cantón Rocafuerte; con versos de lanza: cielito sobre cielito/cielito azul celeste/contigo me he de casar/aunque la vida me cueste); rezaré, seré cómplice de todo y cuanto el chigualo me convoque y provoque. Dejaré que lo manabita sea signo y significado de mi yo espiritual y festivo. Así, entenderé que en mi constructo de costeño en la diversidad, soy la diferencia en un país múltiple y diverso.
Vamos al chigualo
Todo comienza en el Medioevo que vio al villancico (-niñito bonito/ojito de lucero/con una mirada/mira el mundo entero. De los doce meses/dos me gustan más/el mes de María/y el de Navidad. Ya viene el niñito/cantando entre flores/y los pajarillos/le cantan amores-) como posible relación oral de sus juegos de niña mora. De sus escondidos secretos fetiches y erotómanos. Lo trae España en el imaginario adulto. El triangulo de la alabanza lo recrea y “obliga” a aceptar la Iglesia Católica con Chirimías y Organillo de capellanes músicos. El manabita lo siente funcional y le da sentido. La cultura mulata-montubia que la hereda es tan parecida a la hispánica de la Andalucía que la transmite. El habla, la música y el verso tradicional español se conecta con lo local de la Provincia. Es la antigua Villa de Portoviejo el lugar donde se asienta y recrea. Luego se desplaza a los demás Sitios y Caseríos.
La sociolingüística manabita lo refuncionaliza cada Diciembre. Comienzan el 23 (en vísperas) con: viene, viene ya/viene, viene, ya/ el juego del niño, de la Navidad/nacen los pastores, pronto bajará, el niño Manuelito, de la Navidad. El 24 es el día de la emoción: esperemos alegres/esperemos contentos/que nazca el Niño Dios/en el sagrado aposento. Desde las 8 de la noche del 24 hasta las 12 de la noche, los familiares, padrinos, cognados y convidados, salen rumbo a la Iglesia cercana para bendecirlo y simbólicamente entregarle la responsabilidad de la custodia al siguiente cuidador -y elector- de sus enseñanzas y preceptos morales.
Regresan a casa de su “dueña”, la matrona del chigualo; la “madre” del niño en la tierra (esta heredad también es simbólica y muy espiritual). La matrona los recibe, despojándose de todo bien material. Los padrinos comparten la responsabilidad del acto. Los familiares de la dueña se autoconvocan. Los amigos del sitio, la comunidad, el barrio, colaboran. Nadie escapa, “el niño Dios lo merece”. Manuelito es su parte sagrada. La materia de su conciencia. Su relación con lo divino y misterioso de sus deseos.
Comienza la fiesta
La matrona y los padrinos invitan rompope y “vino de Iglesia”; hay camaradería. Aún falta para el rito pagano. Los chigualeros esperan ansiosos el momento. Las mujeres dan la Liturgia y el rezo se apodera de los presentes. Las mujeres ancianas rezan con catarsis El Rosario. Los Salmos y Pasajes de la diáspora cristiana están el nivel máximo.
Llegada la medianoche del 24 toca “don Dionisio” la puerta de la piel y les provoca el eros climático a los asistentes. Los niños “afuera” a jugar: pito, pito, colorito, donde va, mi tamborcito, a la vera, verdadera, pin pon afuera. Los presentes están medio libidinosos y para demostrar aún respeto a Manuelito -y poniéndose medio moralinos- le “solicitan” permiso (acabando así la tortura del rezo):
En nombre de Dios/del hijo todo/permiso niñito/ser que adoro/cubriremos tu rostro/con decoro/vamos a jugar/el gallito de oro. Al niño Manuelito le han cubierto el rostro con un pedazo de tela de paño color blanco. Los asistentes cantan: oh Virgen de Altagracia, oh Virgen venerada, en otras casas brindan, aquí no brindan nada. Todos ríen. Es hora de la ironía, la burla y la sátira. Hora del acordeón, la guitarra y la vigüela. Hora de la ronda, el corro. El relato antiguo. La dueña y los padrinos del niño piden a los invitados servirse un aguadito primero. Unos pastelitos de Nochebuena. Los chigualeros comen y beben a gusto y presencia del niño Manuelito. La tortilla de maíz, el café con corviche, los bollos de plátanos, el seco de pato o gallina, las empanaditas de yuca y verde, son los bocados preferidos del agasajo navideño a Manuelito.
Luego suenan las guitarras: llega el baile de tablas o baile de lámpara. No baile de arroz quebrado como quiso el español, el criollo y el cura acomplejado, que llamásemos a nuestros bailes tradicionales montubios. Este corrido es el abre boca del festejo: Qui hubo, qui hubo, le zumba el mango, a mi pareja ya bien sabes que soy hombre, esto no es rumba, ni menos tango, pero al bailar, sí señor, le zumba el mango, a la pareja se la toma con cuidado, y hay que darle un poquito de compás, aunque les digan que serán una coquetas, remolonas, muy brinconas, bien está.
Ya nada es cursiva en estos momentos. Todos han resuelto qué jugarán, a quién dirán sus versos. Que pareja “está suelta”. Con quienes desearán el contrapunto. Han definido el círculo como compás y algarabía. Juegan y cantan en rueda. Extienden una sábana y juegan el pato. El florón. La caminante, la pájara pinta. Cambian parejas a la velocidad de la luz. Los niños siguen afuera y es posible que el niño Manuelito esté estos momentos con ellos. Chigualeando con ellos: gallinazo de dónde vienes, con tu cabeza pelada, yo vengo de todas partes, que la tengo acostumbrada. O jugando a la pájara pinta, sentadita en un verde limón, con el pico recogiendo una rama, con la rama recogiendo una flor. ¿Dónde estará su amor?
Volviendo a la rueda de adultos, todos cantan una versión de la caminante: tu madre está en París, tu padre está en batallas, fregado hasta la agalla, mordido de jabalí, y tu mamacita linda, querida por mí. Luego juegan a La Doncella: Doncella del prado/del campo saliste/a recoger flores/de mayo y abril/yo tomé esta niña/por ser la primera/por ser la más bella/de todo el vergel/aquí la he encontrado/aquí ha de quedar/dentro de la rueda/tendrá que bailar.
La puesta escénica y estética del niño Dios (Manuelito) en el pesebre está adornada de ingeniosos pastores, burritos, carruajes de madera, mucha paja, ángeles, foquitos de colores, estrellitas de luces, los Reyes magos. María, José, un perro, (¿es posible que el montubio haya acogido con beneplácito al perro como su compañero fraterno después de observar que el perro tuvo fuertes vínculos con el tránsito de la Estrella de Belén hasta la llegada del Mesías?) ¿La Iglesia comprendió esto? Seguro el montubio sí.
Versos que se dicen en medio y en relación al juego
Yo sembré la hierbabuena/para no sembrar cilantro/amorcito como haremos/para no querernos tanto. Más arriba de mi casa/hay una mata de uvilla/donde pasa mi negrita/meneando la rabadilla. Desde aquí te estoy mirando/cara a cara/frente a frente/sin poderte yo decir/lo que mi corazón siente. Aquí está la piedra liza/donde yo me resbalé/dame la mano mi vida/que yo me levantaré.
El 25 de Diciembre se extiende
En ciertos lugares de Manabí el chigualear es cuestión de tiempo. Algunas comunidades terminan el 25 de Diciembre. Otras llegan al 6 de Enero (Bajada de Reyes). Y las más apartadas esperan la llegada de la Fiesta de La Candelaria (2 de febrero) para culminar los agasajos. En La Candelaria cantan: el 2 de febrero/son las candelarias/cantemos al niño/antes que se vaya. Si yo fuera prioste/con mi compañero/los dulces yo diera/el dos de febrero.
Al chigualo y la sociedad premoderna manabita (¿folklórica acaso?) débeselos antropologizar. Sociosicoanalizar. Y no menos cierto historiarlos para entender cómo los periodos fueron recreando el hecho oral manabita a través de sus versos. Rechazando, además, lo que no tuvo sentido en su cotidianidad y prácticas sociales.
La representación para no perder la memoria
Es importante la recreación y representación cada año del chigualo en Manabí. En el aula, en la casa, en el barrio; trabajando la tierra; navegando por los ríos; hablando con el otro. Con su par o con su extraño. El chigualo a Manabí le otorga una seña de identidad transversal de desarrollo. Débeselo declarar Patrimonio Oral Inmaterial de la Provincia de Manabí. También al amorfino, por ser su canto mayor. Su conducto. Parte de su personalidad y característica.
Ya es Diciembre, Volveré a ti mi querido Manabí. Espero sea para participar de tus chigualos. Los recuerdos forman parte de mi cultura montubia. Volveré a ti Manabí, jugaré el sombrerito: el juego del sombrerito/que se juega de esta manera/dando la media vuelta/dando la vuelta entera/el que no quiera bailar/que se salga de la rueda/con el sombrero en la mano/poniéndoselo a cualquiera. Espérame Manabí, yo te quiero.
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