Gabriel CisnerosEN PALABRA EN PIE SE PUBLICAN ARTÍCULOS, POEMAS, CUENTOS Y OTROS TEXTOS DEL ESCRITOR ECUATORIANO GABRIEL CISNEROS ABEDRABBO, ES UN ESPACIO PARA EL ENCUENTRO DE LOS CREADORES CON EL EROTISMO, EL ARTE Y LA PALABRA, ESPACIO AL QUE PUEDEN ACCEDER QUIENES TRASCIENDAN SUS PROPIOS MIEDOS Y SALTEN DE LA CUERDA FLOJA SIN PERDER EL EQUILIBRIO ANTE LOS DEMONIOS QUE NOS ACOSAN EN LA COTIDIANIDAD.
ADVERTENCIA
-
Tú deberías sabersoy un villano mortalque se... Leer más...
ADVERTENCIA
-
Tú deberías sabersoy un villano mortalque se... Leer más...
SIN NOCHE DE BODAS
-
Sabina ebrio en los pómulosnos invita un... Leer más...
LIBROS DE GABRIEL CISNEROS ABEDRABBO
-
Para leer Ceremonias  de Amor y Otros Rituales... Leer más...
SOMBRA DE MI YO
-
¿En donde bulle tu sexo ahora que mi desnudes... Leer más...
Coraza
-
Blindadocon un cielo de vocales tristes, dejo que... Leer más...
Espiral para la fuga
-
IMurió Benedetti,las ciudades siguen vomitando... Leer más...
S / T
-
Que mi amor te llegue envuelto en sedas una... Leer más...
CANTAR SOBRE LA TIERRA
-
Iniciado bandolero  busco entre tu  piel y el... Leer más...

COBRIZOS: El mulataje como principio del ser mestizo en Guayaquil

Palabra en Pie - WIlman Ordóñez Iturralde y lo montuvio

Wilman Ordóñez Iturralde


Cada vez que miro
A mi mulatona
No sé qué pasa por mí
No me puedo contener

Ni le digo así
Ni le digo así
Mulata
Tienes en las caderas
Una tembladera
Que arrebata

Mulata
Tiene  tu dulce boca
Una risa loca

Que me mata
Cada vez miro
A mi mulatona
No sé qué pasa por mí
No me puedo contener
Mueve la cintura mulatona de mi vida

Que me muero yo por ti
Que me muero yo por ti
Que la vida doy por ti
Cuando hicieron las mulatas

Que la hicieron para mí
Esa mulatica es mía
Yo la tengo para mí.

(Bolero Son cubano: “Mueve la cintura mulata” Autor: Ennis Almenares. Cuarteto Oriente)

Cuenta una leyenda de la ciudad-puerto (-en la Colonia-) que las mujeres traídas entre los siglos XVII y XVIII por los españoles enfermaron de fiebre amarilla y tuberculosis. Cuenta la leyenda que algunas murieron. Cuenta también la leyenda que otras decidieron regresar a sus tierras. Entonces los blancos-españoles al verse sin mujeres se amaron unos a otros. Como los marineros y piratas que atracaron nuestro puerto decapitando gente y llevándose todo el oro, níquel y patacón que podía. La leyenda cuenta que después de estos acontecimientos los españoles decidieron volver a lo femenino. Este fue el principio de su amor por las mujeres negras. Diosas de la fertilidad que la naturaleza patentó con el más grande culo de todos los tiempos. Dice la leyenda que estos blanquitos españoles las embarazaron. Hasta dejarles en el vientre una fogosa jota,  que devino en amorfino. Un hijo, que devino en mulato.

Los Mulatos tienen una rica historia simbólica relatada en la oralidad de los porteños que no se avergonzaron de su rostro de bronce. Los mulatos nacieron en la Colonia y el mundo criollo acomplejado mandó a pagar tributos para ocultarlos. Para silenciarlos. Hablando de ellos como cuando se habla de algo que no se quiere mentar para no abrir lo lastimero de nuestro orgullo social herido. Nuestro orgullo de creernos Barba Jacob con sangre de monarcas.

Lo mulato, el mulataje, la mulatería, tuvieron que pasar tiempos difíciles debido a la abulia de ser distintos. Debido a que los criollos consideraron que el nacimiento de estos produciría una tara en sus relaciones. Hijos de negra y blanco; ellos, de europeos “puros”;  entonces era “como sentir que tenían un discapacitado con apoplejía en casa”.

Los Corregidores -confabulados con los criollos- se negaron a validar la presencia de estos. Esquivando la responsabilidad social de tener que ponerlos visibles ante la mas rancia oligarquía guayaquileña. Entonces los llevaron como sirvientes. Junto a los zambos, de los que los criollos eran dueños por su condición de esclavos.

El Terrateniente se dio la libertad de reducirlos a labores domesticas que fueron determinantes a la hora de refuncionalizar sus saberes. Entre las tareas domesticas estaban las de amamantar a los hijos de los criollos y ser “sirvientas de compañía” de las acomodadas señoritas educadas en el piano y las lecturas de latín que ejercitaban en las misas de 10 diez de las iglesias locales.

Los hombres mulatos fueron más vehementes. Poniéndolos -el terrateniente- a trabajar la tierra y ordeñar sus vagas, raquíticas y flacas vacas; muy cerca de la casa de hacienda habitadas por sus señoritas hijas que no dejaban de admirar las destrezas de los mulatos en estos menesteres y otros como las suertes de rodeo que los ponía frente a ellas como diestros, hábiles y muy valientes. Cosa que los mulatos aprovecharon para “conquistar” a mas de una niña “decente” que terminaban con los mulatos en alguna agreste y oculta mancha de caña atestada de caimitos, pomarrosas o caujes. El cañaveral es testigo silencioso y fiel de estos amoríos mulatos. Vistos por algún “soplón”, capataz o mayordomo, dabase el mulato a la fuga como cimarrón en busca de refugio.

Las formas de resistir de esta cultura están diseminadas en la fiesta. La fiesta para los mulatos fue un lugar de encuentro, recreación y representación simbólica, ética y estética. La fiesta fue su códice. Su lugar sagrado. En la fiesta el mulato dejó santo, seña, rito y significado de su ser, hacer y estar, comunitario e individual.

Si revisamos sensatamente la historia de Guayaquil y el Litoral veremos graves elementos invisibilizadores que los niegan e invalidan como cultura y sujetos productivos. Los criollos cometieron verdaderos etnocidios. Ecocidios, dentro de un sistema colonial y pre-capitalista. Asegurando con estos hechos su ingreso a las potentadas y blancas familias de la Europa no española.

El mulato fue un cimarrón. Entendido esto como: un sujeto que escapaba a los montes cercanos para  liberarse de escleróticas sujeciones a normas y preceptos obsoletos que dictaba la Corona y cumplían como emisarios las pesquisas del rey ejecutadas por sus corregidores. Emisarios lambones que por varios ducados al habitus morten informaban al rey cada detalle de los sublevados.

La Independencia de Guayaquil sin bien tuvo a criollos como gestores de su guerra libertaria, estos criollos no fueron emisarios o pesquisas del rey sino criollos educados en el proceso independentista de la Revolución Francesa. No fueron criollos lambones vigilantes de las dictas sino que fueron criollos distintos. Criollos educados y libres. De pensamiento liberal; no criollos asalariados. Vendidos. Parias de un sistema que se les fue de las manos.

Tampoco me crean ingenuo en pensar que los criollos que consiguieron liberarnos de los españoles no tuvieron intereses sociales y económicos. Intereses de poder, propiedades y nuevas riquezas. Pero, ¿qué revolución no ha tenido intereses y los tiene? El asunto tiene otra dirección y sentido.

Si bien los criollos (nacidos de padres europeos) se creían una especie de “raza aria” en nuestra hispanoamericanidad, fueron los zambos (nacidos de negros e indias) y los mulatos (nacidos de blancos y negras) quienes asentaron y definieron las identidades adscritas a lo local-regional. De estos devino el montubio, mezcla rara de indios costeños, blancos y negros ladinos. El componente blanco lo puso Andalucía. Españoles que legaron un Padre Nuestro que los montubios todavía cantan en las misas:

Ay pare nuestro que estay en er cielo
Ay santificao sea tu nombre
Venga a nosotro tu reino
Ay santificao sea tu voluntad
Ay así en la tierra como en er cielo
Ay y er pan nuestro de cada día

Dios mío dano
Dano hoy
Y perdona nuestras deudas
Ay  así como nosotros
Oh perdonamos a nuestros deudores
Y no nos dejes caer en la tentación ay
Ay líbranos pare der mal de los odios y rencores
Amén

El porteño en cambio es una mezcla de criollo y mulato.  Esto lo hace distinto. Lo hace una especie de “mestizo refinado”. Un mestizo urbano con identidad. Cosa que afirma que el ser guayaquileño se construye de estas dos culturas. Guayaquileño: porteño-mulato. Se añade lo montubio en cuanto la cultura rural definió la identidad de este. Ya mimetizado la historia social y económica oculta lo mulato y des-oculta lo montubio. Quedando porteño montubio; Guayaquileño mulato.

Redescubrirse en sus diferencias le hace falta a Guayaquil. Ciudad que carece de una Academia de Ciencias Sociales que otras ciudades y países tienen y que a través de estas los investigadores estudian sus procesos y cambios socioculturales e históricos.

Guayaquil necesita un urgente análisis y reflexión sobre sus culturas e identidades. La Antropología, la Sociología, la Sicología Social, la Comunicación, la folklorología, la Historia, deben asumir tareas de investigación cualitativa y cuantitativa sobre la ciudad-puerto y sus fenómenos. Estudios que deberán ser asumidos sin sesgos, sin prejuicios, imparciales, distanciado de cualquier situación que entorpezca la investigación.

Sino comenzamos entre los que estamos (-con lo  que tenemos-) difícilmente, otros, nos dará haciendo nuestras tareas. Guayaquil -en sus estudios históricos- no ha logrado sorprendernos todavía. Lo que se ha contado -y cuenta- de la ciudad-puerto es lo que ya conocemos y se repite. Constantemente leemos lo mismo, dicho de otra manera. Ciertos historiadores limitan sus estudios a hechos políticos y situaciones cotidianas. No entienden que la historia es un corpus y que recogerla y pensarla requiere de ejercicios compartidos entre múltiples disciplinas.

Lo mulato está y estará presente entre las múltiples identidades del ser guayaquileño. En los imaginarios que la construyen en relación al campo, ciudad y puerto. En la interculturalidad Caribe-Antillas. Está en el habla, en la cocina. Está en los juegos eróticos. En el placer, en la conducta. Está en nuestro carácter y en nuestra personalidad. En el fetiche guapero y rumbero del son y la salsa. Está en lo tropical de nuestros cuerpos. En los barrios sud-urbanos. Marginales y populares. De clase media. Con gusto por estéticas definitorias hacia lo popular.

Lo mulato está, -y estará-, por siempre entre nosotros.

Visítanos también en

Radio Mundial Riobamba