Gabriel CisnerosEN PALABRA EN PIE SE PUBLICAN ARTÍCULOS, POEMAS, CUENTOS Y OTROS TEXTOS DEL ESCRITOR ECUATORIANO GABRIEL CISNEROS ABEDRABBO, ES UN ESPACIO PARA EL ENCUENTRO DE LOS CREADORES CON EL EROTISMO, EL ARTE Y LA PALABRA, ESPACIO AL QUE PUEDEN ACCEDER QUIENES TRASCIENDAN SUS PROPIOS MIEDOS Y SALTEN DE LA CUERDA FLOJA SIN PERDER EL EQUILIBRIO ANTE LOS DEMONIOS QUE NOS ACOSAN EN LA COTIDIANIDAD.
ADVERTENCIA
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Tú deberías sabersoy un villano mortalque se... Leer más...
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SIN NOCHE DE BODAS
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Sabina ebrio en los pómulosnos invita un... Leer más...
LIBROS DE GABRIEL CISNEROS ABEDRABBO
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La noche cuando fuimos Pedro Infante y Tom Mix (el criollo)

Palabra en Pie - WIlman Ordóñez Iturralde y lo montuvio

Wilman Ordóñez

Para el historiador Willington Paredes, con suficiente afecto.

Esa noche, ¿te acuerdas amigo?, estuvimos delante de una rocola. Bella rocola color azúcar. Atemporal. Sin mesa de apoyo. A la rocola en México le llaman sinfonola, ¿sabías? Esa noche la rocola nos convocó. ¿Acaso la rocola no puede ser  convocante? Yo creo que sí. A punto de cantarse a si mismo -la rocola- el último tango ebrio de la noche.

Llegaron dos hombres. Uno era montubio, el otro charro. Vestían con pistola al cinto, botas, espuelas  y sombreros de paja tipo vaquero cortejando alv sol que tostaba sus rostros. El río miraba ferozmente. El bar donde se dio este encuentro estaba cerca. Los dos nos vimos, alzamos el vaso y bebimos un sorbo de aguardiente con olor a tequila viejo. A guarapo de perra. A languidez.  Solo una sombra delataba un viejo billar. Ahí, jugando a la muerte, los dos, el montubio y el charro, dispuestos a ganarse los galones de puro que apostaban. Nosotros vimos el juego. Nadie más en el bar vio el juego. De pronto uno de ellos le dice a la mesera:

-Hey mujer, desguinda esa vigüela y trae acá la bandida.

La bandida ¡caray!, nos preguntamos, -¿qué será la bandida?-, al tiempo que nos vimos con cara de gallinas de cuelga. Y claro, la bandida, la bandida era la guitarra. Esa guitarra de palo que vimos en la esquina arañosa  del bla, bla, bla esquinero. Esa era la guitarra que pidió el montubio a la mesera.

-Tome pué jombre, toque,  dijo el montubio al charro.

El charro contestó:

-Órale, a la sordina o a la prístina, -recalcó el charro-.
-A lo que sea- dijo el montubio; y el canto se hizo palabra y ritmo.

Cantó el charro un valsecito ranchero:

Mujer porqué no me pelas
En esta tarde de invierno
Si por tu amor voy sufriendo
Que culpa tiene mi vela
Dime si aún me quieres
O ya tú me desprecias
Que con amor o dendechas
Te doy lo que pidieras.

El montubio le mentó un juay, juay…-eso sí es bien mexicano-
El mexicano le dijo al montubio:

-Oi, tú, toca la vigüela y responde a lo que sabes. En eso el montubio cogió la guitarra y cantó a lo humano:

En este bar yo presiento
Que esta tarde encuentro lana
Para llevarle a la Juana
Su sustento su sustento
Si quieren que siga mi canto
Echen monedas ar viento
Que sino yo me risiento
Y nos les sigo ni un tanto.

-Qué wey- dijo el charro. ¿Acaso no sirve lo que pago? Embravecido tomó un vaso y pidió otra vuelta de caña. El montubio le dijo al charro:
-Compadre, déjese de vainas,  que uno canta a lo que puede.
-Cierto wey, pá eso somos hermanos -refirió el charro-. Colocaron la guitarra en la mesa y volvieron a jugar billa.

Nosotros sonreímos. Dejamos que la noche descanse en la morada del vaso. En el aguafuerte de esa mesa desvencijada en la que compartíamos iracundos la presencia del charro y el montubio.

De pronto, los dos, el montubio y el charro, principiaron a hablar de una historia pasada. Gritaban el relato de la historia pasada. Como si desearan que su historia los delatara y luego sea contada por el pueblo.

-Mano, junto a uté recuerdo a mi padre -dijo el charro al montubio-.
-Y qué recuerda baray- dijo el montubio.
-Recuerdo, póngale cuidado a esto: que mi padre Crisóforo Viladio, contábame que jué de las guerrillas de Pancho Villa, a quién denominaban el Centauro. Ellos, decía mi padre, peliaban juerte por la revolución agraria.
-Ah- dijo el montubio, ¿y porqué le recuerdo a su padre?
-Porque mi padre mi habló de un tal Coronel Nicolás Infante Díaz, que dizque nació en este pueblo de Palenque al cual uté me ha invitao a las contiendas de las controversias de décima espinela, amorfinos y versos careados y que jué el revolucionario que dio inicio a las montoneras del General Eloy Alfaro.

Verá uté, -manifestó el charro-, cuando venía pa’ca me jacordé mucho de esto porque estar en Palenque me recuerda a Morelos, ondé inició la guerra el gran Emiliano Zapata. Me parece estar ahí en mi pueblo compadre Jacinto.
-Pues güeno, ¿que güeno verdad compadre Pancho?
-Yo también le cuento tonces –dijo el montubio- ya que ta interesao en eto, yo me llamo Jacinto Infante, mi tio agüelo fue don Nicolás. Y mi padre, Justo Infante, me contaba de niño como veía armarse la Revolución Alfarista con los montubios que son mi raza en este punto de la provincia de Los Ríos. Y como ganaban las batallas compadre, aunque claro, si que le costó muchas vidas a la Revolución, pero ganaron, tonces mi padre era de ver como organizaba el fiestón cuando ganaban las batallas. Uy, y cuando ganaron la revolución si que fue de ver ese momento. Mi padre decía que era la revolución de los montubios. La revolución del montubio que fue el puso sangre y pellejo. Y por eso tuvimos en el poder al General Alfaro en 1895.
-La nuestra wey- dijo el charro, fue en 1910. Unos añitos despué de la suya. Lo güeno jué que compartimos los mismo ideales. Los mismos sueños. ¿Y los seguimos compartiendo, verdad compadre Jacinto?
-Si compadre, en eso creo. En esto debemos creer siempre -afirmó el montubio-.
-Salud entonces compadre Jacinto -dijo el charro-. Salud, -contestó el montubio-, y vengase otras cuatro-.

Nosotros ese momento comprendimos que fuimos parte de las certezas. Comprendimos que la única razón de estar ahí, es la misma razón que todavía nos mueve.

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